Son relativamente pocos los afortunados que han podido hacer cualquiera de las dos cosas; yo tengo la suerte de haber hecho ambas y las recomiendo.
Hawai es un paraíso en la Tierra, y volar en un avión ejecutivo o privado es una experiencia muy superior a la que podemos disfrutar, padecer o sufrir en cualquier avión de línea, aún si nos tomamos la abultada molestia de pagar un billete en primera clase o en clase ejecutiva.
Adquirir y operar un jet privado es una cosa sumamente costosa, pero es posible alquilarlos y también viajar a precio de descuento en aeronaves de este tipo que en un momento dado estén volando sin pasajeros o con asientos libres. Hay compañías que se dedican a hacer esto (ver aquí) y con ellas es posible obtener plazas en estos vuelos por precios que rondan el valor de los billetes o pasajes de clase ejecutiva en los vuelos comerciales, pero con una comodidad mucho mayor.
Cómo mencioné, también he estado en Hawai hace algún tiempo y salvo un aterrizaje en la isla de Maui, conocida por sus fortísimos vientos, volar en aquel archipiélago que marca el extremo norte del triángulo de la Polinesia es una hermosa experiencia. A quienes son pilotos los aterrizajes en Maui quizás les interesen como desafío, pues el aeropuerto de Lahaina es considerado el más ventoso de los Estados Unidos, pero para los pasajeros, salvo esa experiencia turbulenta, un vuelo no comercial en la zona creo que sería sumamente atractivo, aunque se trate de un vuelo corto.
Por eso, si usted está considerando emprender un viaje de lujo hacia Hawai, le recomiendo que lo haga con estilo: uno de los tramos lo puede hacer en un crucero de lujo, y el otro, en un avión ejecutivo. Le aseguro que será una experiencia inolvidable.