Gabriela Mejia

Cuba, Estados Unidos y el Imperialismo en la Historia reciente (IV)



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La bondad de las intenciones "expansionistas" estadounidenses se demuestra en los relatos de las batallas de Dewey (*1898), Roosvelt (*1899) o Root (*1899) quien se concentra en las características heroicas del soldado americano en las Filipinas. Por si quedaba cualquier duda Beveridge (*1898), en su campaña senatorial, quita el disfraz, es decir sin el más mínimo pudor reconoce la supremacía estadounidense, la "obligación" de apoderarse de las naciones indefensas para bañarlas con las bondades de la libertad, el buen gobierno y la paz; para cubrirlos de la "divina providencia". Su alta moral no olvida las cuestiones prácticas como el deber civilizatorio y económico que también permeará a las naciones protegidas, para lo cual será preciso derribar bosques para tender ciudades.

Como si la Divina Providencia no fuera suficiente argumento, levantan la mano los economistas, como Conant (*1900) quien reconoce la ventaja futura de poseer reservas en forma de préstamo a otros países (sin duda hemos comprobado, los mexicanos, su fría certeza). El pragmatismo económico se fomenta por el propio interés y la fusión de intereses que deriva también en el imperio industrial y en la competitividad por especialización. Hanna (*1900) alega por un subsidio marítimo que permitiera bajar impuestos y aumentar la inversión nacional; más tarde (*1902) alegara las ventajas de la construcción del Canal de Panamá como puente internacional y como un enclave norteamericano ("en cualquier lugar donde exista uno existirá la paz"). Mahan (*1900) reconoce el interés en cuestiones exteriores y su intervencionismo no se contrapone a la Doctrina Monroe cuando así convino. Como argumento a favor del expansionismo emprendido con anterioridad apunta que Japón reconoce las consecuencias benéficas de la invasión a Filipinas. Woodrow Wilson (*1901) exalta los logros y conquistas del Estado Imperial Estadounidense y sus bondades para con las demás naciones.

Adams (*1902) perfila a Nueva York como la cumbre del mundo, justifica el apoderamiento del resto del continente y observa la necesidad de medidas que mantengan la estabilidad. El estadounidense, además de héroe de guerra, conquistador de tierras lejanas y hostiles, buen economista innato, sólo comprueba una adaptabilidad al entrono, el darwinismo social se eleva como fundamento ideológico ante el pragmatismo que le da la calidad de raza superadaptada. Al ver la fortaleza de Estados Unidos Roosvelt (*1903) afirma que una voz suave convencerá y negociará, pero una marina fuerte impondrá lo que al Estado convenga y a las demás naciones también por que ahora ya reconoce el carácter de "policía del mundo" así el expansionismo se disfraza de Política Exterior que inaugura el siglo XX.

Lo peor...

No son las intenciones imperialistas, ni las bases militares extendidas ahora en Corea, Irak, Hawai, Puerto Rico, etc. Lo peor fue que el disfraz logró engañar a casi todos durante un siglo completo y que la venda cayó muy tarde, después de que por TV vimos una guerra, la destrucción y el triunfo del Imperio que no se cocinó en la silla de un presidente, se cocinó desde los abuelos en los "ciudadanos" que le dieron la reelección...





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