Gabriela Mejia

Cuba, Estados Unidos y el Imperialismo en la Historia reciente (III)



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El gobierno, con la ayuda de la "divina providencia", aprovecha el imaginario cultural a partir de la figura del cowboy y del oeste (más tarde del neoyorkino exitoso) para crear una identidad. Controla hasta los mecanismos electorales para aminorar las reacciones contrarias. Oportunamente maneja el populismo en contra de España, infunde la paranoia con el fin de anexarse Cuba. Además, el gobierno estadounidense, disfraza el expansionismo de proteccionismo conveniente para todos los países que así lo requieran (no lo requieran pero que a su juicio lo necesiten) por estar sujetos a regimenes no favorables y que por su debilidad no puedan enfrentar.

Es difícil imaginar como un pueblo se cree "salvador del mundo", un mundo que siquiera conoce, al leer los testimonios decimonónicos, lo que resulta difícil es imaginar que no hayan invadido ya todo el mundo. La comprensión limitada del mundo exterior emana de un individualismo a ultranza que encuentra se encuentra en estos testimonios presentados. Los "otros" no importan a Estados Unidos por lo que son, si no por lo que tienen y les sea conveniente. Pueden imaginar a Cuba como una pequeña niña negra o como una "maja española" pero eso es propaganda política lo que importa es que se encuentra, según ellos, "indefensa" y que es la "llave que abre y cierra el Golfo de México" (*Mills, 1896). Al no poder absorber a Cuba, además de la imposición de la base militar en Guantánamo, los dos países firman la Enmienda "Plat" que impide a la isla hacer tratos de cualquier tipo con naciones extranjeras sin previa autorización de Estados Unidos.

Según Fiske (*1885) el antagonismo derivado de la diversidad etnológica es lo que no permite resolver los problemas entre los estados. El federalismo, por el contrario, es el que otorga uniformidad a los individuos y media cabalmente entre ellos, por efecto es la solución para dirimir los conflictos entre naciones. Ya sea por la imposición de uniformidad anglosajona (hasta en el idioma) o por reconocimiento y defensa de los intereses Latinoamericanos (*Mahn) el expansionismo que protagonizara Estados Unidos a lo largo del siglo XX encuentra justificación ideológica en el final del XIX.

Roosvelt ve un futuro prometedor "un destino como el que jamás ha sido concedido a ninguna otra [nación] en todas las edades del pasado"[3] y señala, en su apologética mención, al oeste como la demostración más firme de las libertades individuales. Turner (*) señala que el ímpetu del oeste debe adaptarse al federalismo, unir fuerzas al este y así crear una verdadera Nación. La buena estrella de Estados Unidos no es solo para los estadounidenses, ellos creen que su obligación de buenos cristianos es compartirla con los demás países.


Notas:
3 - Orozco, op.cit., p 43




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