El Gea

Tercer parte: Laura -El Relevo y la Espera.- (I)



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Los primeros indicios se presentaron cuando un día de guardia un analista repaso casi todos los últimos informes de Aranaldo, sobre todo los de los dos últimos años; le llamo la atención que con ciertos ciclos se repetía, volvía sobre datos ya transcriptos como si fueran recientes, más aun, incluía comentarios que eran los mismos del anterior igual, pero con renovado entusiasmo. Estaba claro que se reiteraba sin darse cuenta, fehacientemente y con celo en su trabajo, cada vez con mayor celo, en una carrera legitima y peligrosa, desbordaba en detalles que consideraba importantes, por ser nuevos sin serlos.

Y fue cuando se dio la primer reunión de la mesa de análisis, presento su informe.

Y fue entonces cuando hubo un largo y molesto silencio. Aranaldo estaba exhausto, estaba pasado, estaba fuera de sincronismo, las reiteraciones no le llamaban la atención, era un signo de fatiga y no se podía permitir que traspasara el límite. Quizás la soledad, quizás el agotamiento, quizás ambos, desdibujaron los resultados de su tarea, lo que se constató muchos meses después de las primeras reiteraciones, inútiles, y peligrosas.-

Y fue cuando se decidió su relevo y no decírselo.

Y fue cuando un poco tiempo después se convocó a Laura para que tome la posta de la actividad, de mano del pibe políglota que haría de enlace meticuloso y a él lo trajeron del Salvador, donde se había fogueado y alternado con un sin número de granujas y tipos como la gente, de los dos bandos.

Y fue cuando Aranaldo se enamoró de Laura

Y fue sin quererlo Laura, ni la central, ni el pibe políglota al que le gustaban demasiado las mujeres, ni Aranaldo.

Así fue.-

Y fue cuando ocurrió un descubrimiento.





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