Eduardo J. Carletti

Los insectos (XI).

Por Eduardo J. Carletti.


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Otros sonidos son debidos a la vibración de las alas, y los percibimos, por tanto, cuando el insecto está volando. Se trata de un zumbido más o menos fuerte, que no hay que confundir con otros zumbidos, más intensos, que también producen los dípteros, y que no se sabe con exactitud a qué se han de atribuir: si a la vibración de la región torácica, a rápidos cambios de forma de dicha región, o al ser expulsado el aire a través de los estigmas torácicos.

En las cigarras hay un órgano especial para la producción del canto, que consiste en la vibración de una membrana ejercida por un músculo, y modificada y ampliada luego por estructuras apropiadas. Este órgano está situado en la base del abdomen por debajo, a uno y otro lado.

Por último, hay insectos capaces de producir sonidos golpeando ciertas partes de su cuerpo contra los objetos que les rodean. Esto es lo que ocurre, por ejemplo, con un pequeño coleóptero (Anobium), que perfora los muebles y produce sonidos dando cabezazos contra la superficie en que descansa.

Luminosidad

Ciertos insectos son luminosos, como saben muy bien quienes han visto alguna vez en una noche calurosa el vuelo de las luciérnagas. La luminosidad es debida, en unos, a órganos lumínicos propios, y en otros, a bacterias luminosas. En los coleópteros es donde se encuentran la mayoría de los insectos luminosos, y entre ellos deben citarse, como más conocidos, los gusanos de luz (Lampyri, Luciola, etc.) y los cucuyos (Pyrophorus). En estos últimos, los principales órganos productores de luz aparecen situados a uno y otro lado del tórax, mientras que en los primeros lo están en la porción terminal del cuerpo. En algunos de ellos esta facultad se halla casi circunscrita a las hembras, que son ápteras y conservan durante toda su vida aspecto larvario, mientras que los machos son alados.

La producción de dicha luminosidad no determina calor, y parece debida a oxidación de una substancia llamada luciferina, producida por otra, que se denomina luciferasa, transportada por la sangre.





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