Eduardo J. Carletti

Los insectos (IX).

Por Eduardo J. Carletti.


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Los órganos sensoriales

Los órganos sensoriales consisten en pelos sensitivos, táctiles, olfatorios o gustativos, que pueden ocupar diferentes posiciones, y además, en órganos propios, como los ojos, oído y otros, que llegan a alcanzar gran complicación. Los primeros son táctiles y radican en pelos que difieren de los restantes del cuerpo por llegar hasta su base una terminación nerviosa, merced a la cual pueden recoger los estímulos exteriores. Estos pelos sensitivos están colocados en las antenas, palpos y patas, pero también se distribuyen por todo el cuerpo. El sentido del olfato es mucho más delicado que el del gusto, y por regla general sus órganos receptores aparecen mucho más desarrollados. Los olfativos se localizan por lo común en las antenas, y adquiere este sentido en algunos insectos tal viveza que puede competir con el de los vertebrados más sensibles, como es el caso de los escarabajos enterradores.

Los ojos

Los órganos visuales corresponden a dos tipos: los ojos sencillos u ocelos y los ojos compuestos. En los primeros es necesario distinguir los centrales, que pueden ser tres y coexistir con los ojos compuestos, de los laterales, que vemos sobre todo en las larvas y ocupan la misma posición que los ojos compuestos de los adultos. El número de estos ocelos laterales es variable, y pueden existir a cada lado desde uno solo hasta un grupo formado por seis o más. Cada ocelo ofrece una estructura algo semejante a la de uno de los elementos que integran los ojos compuestos o facetados.

Éstos se hallan constituidos por la agregación de un número variable de elementos oculares, denominados ommatidias, de modo que cada ojo está formado por tantos elementos como facetas presentes. Dicho número oscila dentro de términos muy amplios; y así vemos que en algunas hormigas no pasa de 6 a 9; en otras varía de 100 a 600, y llega a más de 1.000 en los machos de algunas especies. En la mosca doméstica suman 4.000; en la mariposa calavera, 12.000; en la esfinge del convólvulo, 27.000, y aun pueden rebasar esta elevada cifra algunas libélulas. Varía también el tamaño de las facetas de unos a otros insectos y aun dentro de un mismo ojo, y a veces es posible distinguir dos regiones en que son de tamaño diferente. En la mayoría de las especies, las ommatidias tienen forma exagonal, por estar muy apretadas unas con otras, y si observamos un trozo de ojo al microscopio veremos que presenta aspecto muy semejante al de un panal; pero en otros casos, no aparecen tan apretadas entre sí y entonces conservan su contorno circular. Excepcionalmente los ojos compuestos pueden ser dobles, caso que vemos en los coleópteros girinos y en los machos de algunas efémeras, como resultado de haberse separado cada ojo en dos partes, a veces bastante alejadas una de otra. Los ojos compuestos pueden faltar en algunos insectos que viven enterrados, o entre los que habitan en la hojarasca de los bosques o en las cuevas; y pueden verse también variados ejemplos en que los ojos se encuentran en vías de regresión.





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