El Gea

Plan de la Economía Nacional y el Presupuesto del Estado (II).

Por José Luis Rodríguez

Segundo período ordinario de secciones de la Asamblea Nacional del Poder Popular en la VI Legislatura, del 23 de diciembre del 2003.

(Versiones Taquigráficas - Consejo de Estado de Cuba)



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Fue aquel año en el que mayores esperanzas acarició el enemigo imperialista en cuanto a que la economía que llamaban "subsidiada", de un país por ellos calificado como "satélite", se derrumbaría inexorablemente.

Para el pensamiento político y económico tradicional era imposible que un pequeño país subdesarrollado, que había perdido de la noche a la mañana el 85 por ciento de su comercio exterior, el abastecimiento de petróleo, y que en 1993 mostraba un descenso acentuado en su producción, un déficit fiscal de una magnitud inconcebible para la sabiduría convencional del Fondo Monetario Internacional, una grave acumulación de liquidez en manos de la población sin contrapartida en bienes y servicios, así como apagones extensos y diarios, fuera capaz de sobrevivir.

Sus esperanzas parecían fundarse en sólidas razones. Nunca antes en la historia económica a un pequeño país le había sido aplicado, por la potencia más poderosa que haya existido, un bloqueo económico tan férreo, minucioso y destructivo durante tanto tiempo.

Nunca antes en la historia económica un pequeño país pobre había sido obligado a hacer, en poco más de tres décadas, dos gigantescas y costosas transformaciones de su base tecnológica y del tejido de sus relaciones económicas externas. La primera de ellas, al romper los vínculos de explotación e intercambio desigual que la ataban a la economía de Estados Unidos. La segunda, al desaparecer abruptamente las relaciones económicas con la URSS y los restantes miembros del CAME.

No faltaron entonces los consejeros que combinaron la sabiduría aparente con el triunfalismo exaltado del capitalismo ante la derrota del socialismo real, y nos dijeron que el camino era uno solo y evidente: el ajuste económico neoliberal, que se podría sintetizar en abrir la economía para privatizarla y venderla.

Ese camino que Cuba rechazó fue el que por entonces toda América Latina transitó. En 1993 estaba de moda en el pensamiento neoliberal en América Latina decir que la década de los años 80 con su dolorosa crisis de la deuda externa, había sido la "década perdida", en tanto desagradable pero imprescindible período de corrección de políticas económicas equivocadas, pero que en cambio la década de los años 90 era la "década de la esperanza", aquella en que se recogerían los buenos resultados y la riqueza se derramaría hacia todos los latinoamericanos.





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