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Bolivia, indigenismo y vasos comunicantes (II). |
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El mencionado dirigente indigenista boliviano es íntimo amigo del presidente venezolano Chávez, quien en abril pp. lo recibió en el palacio de Miraflores junto a otros dirigentes indígenas de Ecuador y Honduras, donde sellaron un "pacto por la revolución bolivariana". Este pacto revolucionario no se limita a los movimientos indígenas. Según lo anunció Chávez en su reciente visita a Argentina -por ocasión de la toma de posesión del nuevo presidente de ese país- dicha alianza no sólo debe agrupar a organizaciones campesinas e indígenas como las lideradas por Evo Morales y Felipe Quispe en Bolivia, por el movimiento Pachacutek de Ecuador, etc., sino también al Movimiento Sin Tierra de Brasil, a los "piqueteros" argentinos y a otras organizaciones del género que han ido surgiendo en el continente. Como acaba de observar el periodista Alberto Garrido, de El Universal, de Caracas, el proceso de "andinización revolucionaria" -que incluye a Venezuela, a Bolivia y a las regiones dominadas por los narco-guerrilleros colombianos, con ramificaciones en Perú, Ecuador, Argentina y Brasil- va avanzando a pasos acelerados y no debe ser subestimado. La utilización de los indígenas latinoamericanos como carne de cañón es un viejo sueño de los revolucionarios latinoamericanos. Martha Harnecker -una intelectual chilena oriunda de la izquierda católica, que vive en Cuba desde el comienzo de la revolución, estrecha asesora de Fidel Castro y activa participante del Foro Social Mundial- ya lo reconoció hace más de una década en su libro "Estudiantes, cristianos e indígenas en la Revolución", cuando abrió los ojos de "las vanguardias latinoamericanas acerca de la importancia política que representan los grupos indígenas y minorías étnicas para las futuras revoluciones del continente" (Siglo XXI Editores, México, 1987). La Eco 92 Alternativa, efectuada en 1992 en Rio de Janeiro, selló un pacto rojo-indigenista-ecológico, renovado a partir del 2001 cuando se fundó el Foro Social Mundial. Buena parte de la fuerza publicitaria de los movimientos revolucionarios latinoamericanos ha radicado en presentarse como espontáneos y sinceramente interesados en ayudar a los pobres, a los indígenas, a los campesinos y a los desposeídos. Mostrar sus reales metas comuno-anárquicas y los vasos comunicantes que los unen puede contribuir a neutralizar buena parte de esa fuerza político-publicitaria. |
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