F. Ferrero

Andar.

Por Fernando Nieto



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Para andar con eficacia en el monte, es importante que el cuerpo este entrenado por un ejercicio más o menos frecuente que aumente la capacidad de esfuerzo, aunque en un recorrido de varios días de duración la condición física se puede adquirir en las primeras jornadas de forma gradual. Marchar de manera razonable supone tener en cuenta además de nuestras fuerzas, el peso a transportar, la distancia a recorrer, la orografía de la zona por la que vamos a andar, la previsión meteorológica y el tiempo del que disponemos.

En efecto, no se debe caminar demasiado deprisa. Al empezar una marcha es mejor hacerlo despacio para ir rodando el cuerpo y sobre todo las piernas. Se pueden parar para descansar cinco minutos por cada hora de camino. Prolongar más tiempo este descanso dificultaría el reemprender la marcha ya con los músculos fríos y duros. Existe una técnica llamada "paso de descanso", que se utiliza cuando el esfuerzo es tan violento, que tanto los músculos de las piernas como los pulmones necesitan de un tiempo de descanso cada pocos pasos.

Si la distancia que vamos a recorrer es importante, tendremos que plantear objetivos teniendo en cuenta el tiempo del que disponemos: llegar al collado antes de la tarde para tener tiempo de bajar al valle antes de que anochezca etc... siempre teniendo en consideración el perfil de la ruta y posibles alternativas por si surgen contratiempos.

Debemos tener cuidado con los descensos ya que el peso recae sobre las rodillas y los tobillos y si los forzamos demasiado pueden inflamarse. En las bajadas pronunciadas es necesario apretar los cordones y llevar calcetines lo suficientemente gruesos como para evitar que el pie resbale dentro de la bota. Evitaremos así las ampollas y sobre todo las lesiones en las uñas, especialmente dolorosas. No descenderemos de costado excepto en algún tramo que sea necesario, ya que supone una tortura para la cadera.

Doblando ligeramente la rodilla al apoyar la pierna cuando estemos bajando por un terreno abrupto, reduciremos la sacudida. Esto descargara también parte del trabajo sobre los muslos, repartiendo de este modo el trabajo. Para terminar aconsejamos el uso de uno o dos bastones de trekking, alivian el peso soportado por la espalda y nos ayudan a tener más estabilidad. Además evitan que la sangre se agolpe en las manos.

La Patagonia.
Pasando bajo un tronco caído, en una 
expedición exploratoria de ciertos 
parajes de la Patagonia.




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