Oscar Fernandez

Ciencia, Ética y Sociedad (I)



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La publicidad utilitaria de la tecnología reafirma la creencia positiva en la ciencia y la valida en el ámbito socio-cultural como una cuasireligión.

La ciencia es aceptada en cuanto a culto a la verdad. Sin embargo no deja de generar desconfianza pues su lenguaje no es afable.

El ser humano (no científico) acepta la ciencia a regañadientes, y como no la entiende o la entiende poco, no la cuestiona de forma directa; pero no se conecta, no se hace partícipe.

La ciencia y la tecnología revisten un carácter de mutabilidad, que se contrapone al conservadurismo innato de las culturas no urbanas.

La tradición es sinónimo de estabilidad, de permanencia, de equilibrio… "Alguien diría que es intentar retornar al útero".

A pesar de que el que hacer científico-Técnico simboliza transformaciones constantes; el científico como tal tiende a ser conservador, cuestiona poco el origen y el sentido de lo que hace, pues cree (tiene fe) en el sentido mismo de la ciencia, su ciencia.

El científico no queda inmune a la visión mágico-religiosa de la ciencia; pero a diferencia del lego, éste se cree más cercano a la fuente de la magia. Sintiéndose de este modo poseedor de un poder especial.

La cercanía a dicha fuente de magia le da al científico poder, pero a la vez lo hace vulnerable y predecible pues se convierte este en el promotor principal del culto tecno-científico y en consecuencia su visión paradigmática se hace muy limitada.

El científico es el Supremo sacerdote de la Ciencia.

"Los científicos son herederos del temor y el odio que en otrora se les tenía a los heréticos, los infieles, los gitanos, los judíos, las brujas y los magos". (Oscar Handlin).





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