El Gea

Fantasma y angustia en la fobia (III).

Por Norma Alberro - El Sigma
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Si algunos años después, Freud habla de "fantasma-pantalla" es solo para marcar que ese fantasma es consciente, banalizado por la elaboración secundaria y retenido en el recuerdo. Un fantasma inconsciente es, sin embargo, supuesto de acuerdo a las pulsiones puestas en juego, esto nos conduce a una segunda conclusión: el recuerdo cumple una función de pantalla respecto del fantasma articulado a la pulsión.

Es en este punto que Lacan va a restituir al fantasma una función de pantalla (Seminario XI) "El lugar de lo real, que va del trauma al fantasma -en tanto que el fantasma no es más que la pantalla que disimula algo primordial, determinante en la función de la repetición..." (2). Este "algo", este factor primero y primordial no se deja reducir a un acontecimiento accidental sino a un hecho de estructura. Para Lacan este hecho se refiere a la "schize del sujeto", a su división inaugural, a su imposible coincidencia de ser y de pensar, a la falta de una representación en la cual él se encontraría íntegramente, a su encuentro siempre fallido consigo mismo. ¿No es esto darle razón a Freud, de haber insistido tanto en fundar el síntoma sobre lo real de un acontecimiento y de haber asignado al fantasma una función defensiva? Evidentemente que sí, aunque marcando algunos puntos que hacen a la diferencia entre Freud y Lacan. Por un lado, lo real traumático no se sostendrá solo de la cualidad particular de los acontecimientos cargados de energía, sino a la puesta en suspenso del poder de la representación, la falla de la identificación ideal del sujeto, la hiancia entreabierta tanto en el Otro como en el sujeto. Por otro lado, el fantasma como construcción protectora pone límite no solo a un recuerdo posible, sino a la falla de la representación. Para Lacan, la función pantalla del fantasma se realiza en el lugar de la división del sujeto. El fantasma es esa montura donde el objeto a divide al sujeto. Estas afirmaciones me permiten llegar a una tercera conclusión: el fantasma cumple una función de pantalla en el lugar de la división del sujeto.

Ahora bien, bajo la cobertura del fantasma el sujeto pone de lo suyo, introduce su "subjetivación acéfala" (Sem. XI), es decir la pulsión. La función pantalla del fantasma se radicaliza aún más: en el lugar de la división del sujeto y redoblada por la pulsión.

¿No es esto dar cuenta de ese real inasimilable reconocido por Freud como das Ding? Cercado por diversas vías - como fijado en el recuerdo traumático, aproximado en las pesadillas, velado en el fantasma - este real inasimilable está siempre allí supuesto, exigible, en el corazón de la repetición como encuentro fallido, aunque testimonio de alguna huella.





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