El Gea

Fantasma y angustia en la fobia (II).

Por Norma Alberro - El Sigma
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En el Manuscrito M (carta 63), Freud dice que las fantasías se forman por un proceso de fusión y distorsión de los recuerdos, de lo que resulta una fragmentación de los mismos al romperse la conexión original que queda definitivamente perdida. "Uno de los fragmentos de una escena visual se une entonces con un fragmento de una escena auditiva para formar la fantasía, mientras que el fragmento sobrante entra en otra combinación". Estas "ficciones inconscientes" no están sometidas a la represión. Es decir, el proceso comienza por las escenas primarias olvidadas y definitivamente perdidas, algunos fragmentos de estas escenas van a constituir los fantasmas y éstos a su vez, van a dar origen a los síntomas. En el síntoma, entonces, el lugar de lo real del trauma va ser ocupado por los fantasmas.

Es de destacar, al mismo tiempo, que los recuerdos para Freud son reprimidos a causa de su conexión con la pulsión, más que por sí mismos. Es decir, no es tanto el valor traumático intrínseco del acontecimiento lo que está en causa, como la parte que asume el sujeto a través de su solicitación pulsional. La relación con la pulsión modifica la función del fantasma como protección contra los recuerdos y conduce a una primera conclusión: el fantasma cumple una función de pantalla respecto del recuerdo real concernido por la pulsión.

A partir del momento en que la realidad de las escenas primarias es puesta en duda y cuestionada por Freud, el fantasma como ficción se emancipa y pasa de una función puramente defensiva a una función directamente causal de la defensa y, en consecuencia, del síntoma que resulta. Al respecto Freud afirma: "Si la intensidad de tal fantasía aumenta a un punto que le permite irrumpir a la consciencia, será víctima de la represión y surgirá un síntoma producido por la retrogresión desde la fantasía hacia los recuerdos que la constituyen. Todos los síntomas de las fobias se derivan de los fantasmas de acuerdo con este mecanismo" (Manuscrito M).

En esta frase se observa que de golpe, la relación entre el fantasma y los recuerdos de las escenas primitivas infantiles se invierte: no es el fantasma que hace de pantalla al recuerdo sino los recuerdos que hacen de pantalla al fantasma. Los recuerdos infantiles serán retenidos si y solo si puedan cumplir con la misión de ser protectores o encubridores de los fantasmas inconscientes. El fantasma dice Freud, "se esconde en el recuerdo infantil". Esta afirmación del texto "Recuerdos encubridores" parece responder a los manuscritos de la correspondencia.





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