El Gea

Orígenes de la estructura agraria de Chiguagua (XXII)

Por Mario González Plata


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En otra obra de Mendizabal, pareciera que el autor se da cuenta de que la propiedad no existía, ya sea en su forma individual y colectiva; porque señala que el dominio que ejercía el cacique sobre una comarca, “no pasó nunca de una simple ocupación, precaria y eventual que no llegaba propiamente a la categoría de derecho”, no había ni ley civil, ni tampoco estaba garantizada por la costumbre de la colectividad y por lo mismo, no se respetaba, pues los mismos miembros podían abandonar la comarca. (31)

Entiéndase bien, no se argumenta que el hombre perteneciente a este tipo de sociedades, no se comportara respecto a la tierra como con algo suyo, aunque fuera temporario; lo que sí se plantea, es que ese algo suyo desde el momento que depende de la susceptibilidad de ser abandonado, no es de hecho, ni de derecho una propiedad. La propiedad sólo deviene como tal, en la medida que se puede enajenar dentro de un marco concreto de relaciones mercantiles en sociedades a las que pertenece “el hombre económico”. El problema para nosotros es que vemos en el dominio temporal que ejercían las sociedades nómadas sobre un espacio de tierra, el concepto de propiedad como si fuera un sinónimo cuando en realidad no lo es.

Bien miradas las cosas, podemos afirmar categóricamente que los conceptos de propiedad territorial, comunal, individual y hasta el de posesión y uso, son términos propios y productos de sociedades modernas mercantilizadas, donde los individuos devienen en cuerpo y alma, es decir, cristalizan al reconocerse en el espacio del que estamos hablando; en la misma tierra, como propiedad de todo objeto con el que entra en contacto. En consecuencia, estos conceptos no pueden ser utilizados para explicar otros contextos históricos donde no existe la remota posibilidad de poder vender y comprar lo que representan. Se cuenta en una crónica escrita a principios del siglo XVll que cuando llegaron los llamados peregrinos a las costas Atlánticas del norte y fundaron Plimouth, unas personas de los recién llegados interrogaron a un indio del lugar sobre el dueño o los dueños de las tierras a su alrededor, el indio contestó que de nadie y entonces, los peregrinos se respondieron así mismos muy contentos, “en este caso son nuestras”. (32)

31. Miguel Othón de Mendizabal, Op. cit., Tomo lV, p. 118.

32. Juán ortega y Medina, La evangelización puritana en Norteamérica, F.C.E., México, 1976, p. 79.






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