El Gea

Orígenes de la estructura agraria de Chiguagua (XIX)

Por Mario González Plata


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Nuestro propósito no da lugar para abundar en una serie de detalles teóricos, simplemente apuntamos que son dos versiones encontradas, ambas surgidas del evolucionismo del siglo XlX y por supuesto, recorren las relaciones en torno a la supuesta propiedad de los cazadores y recolectores: La primera piensa que la propiedad es tan natural como las piedras y de aquí, su evolución a formas jurídicas estrictamente institucionalizadas. “Lo tuyo y lo mío” es una necesidad de la vida como el aire que cualquier ser vivo respira, se piensa que desde que el hombre nace, “aunque sea el más pobre y mísero de los nacidos, es desde luego un propietario”. La propiedad es un instinto o “un amor natural a la posesión, y de aquí que la propiedad privada es inevitable y universal”.(24)

Por ejemplo, el cazador, el pescador y hasta el recolector son dueños, ya de echo, de la presa, del pez y del fruto, y claro, supuestamente del lugar donde fue cazada, pescado y recolectado. Este enunciado sin dejo de respeto, probablemente lo afirmaría gustosamente Robert Lowie y ciertos seguidores de tal corriente. Este antropólogo de origen norteamericano menciona que entre los grupos algonquinos del nordeste puede considerarse bien establecido el hecho, de que en partes de América del Norte;

“...los mismos cotos de caza eran propiedad de familias individuales. Todo el territorio que cada tribu se atribuía era subdividido en espacios que desde tiempo inmemorial se hallaban en poder de las mismas familias, y que eran transmitidos de generación en generación. Se conocían y aceptaban los límites casi exactos de estos territorios, y se castigaba sumariamente al que entraba sin permiso.” (25)

Más aún, dentro del territorio heredado por la familia existió una tendencia a adjudicar una parcela a cada uno de los hijos. Así, La sociedad Primitiva de Robert Lowie pasa revista a casi todas las sociedades de cultura nomádica en todos los continentes, encontrando en cada una de ellas ese amor natural de los nativos hacia la propiedad privada. En última instancia, el objetivo primordial de quienes sostienen esta posición, es negar que al interior de la estructura económica de las sociedades con una organización social de banda, haya existido la propiedad comunal. 
 

24. Manuel Payno, Tratado de la propiedad, S.R.A.- CEHAM, México, 1981, pp. 18-24. Cfr. Con Elman R. Service, Los cazadores, edit. Labor, Barcelona, 1973, p. 32.

25. Robert Lowie, La sociedad primitiva, edit. Amorrortu, Argentina, 1972, p. 150. 





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