El Gea

"La Tierra Yerma" (I).

Por El Sigma
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El masoquismo moral freudiano articulado con la problemática del carácter, permite definir un perfil de analizantes que aparece en las neurosis de destino freudiana. Un oscuro designio se ha encarnizado con ellos, no son dueños de su vida, víctimas inocentes de un inevitable derrumbe repetitivo quedan situados bajo el signo de un trágico designio. Son sujetos sustraídos de la neurosis, que en su compulsión de destino no denuncian síntomas, sus trazos característicos reiteran por la vía del acting out o del pasaje al acto no esclarecido, situaciones de goce que los torturan.

Ingratas decepciones, socios traidores, una economía que los doblega, muertos queridos, participan de una repetición que los congela.

La palabra destino está asociada a la suerte que le corresponde en este mundo a cada cual, su parte de vida, de felicidad, de desgracia, inflexible encarna una ley fue ni los mismos dioses pueden transgredir, sin poner en peligro el orden del universo. El destino asume el diseño de una figura omnipotente y peligrosa que mantiene al yo en continua supeditación y ejerce sobre él una presión constante, versión del goce de Dios que el sujeto imaginariza pidiendo siempre una penosa castración, posición de servidumbre pasiva y masoquista, a través de la renuncia de toda voluntad propia. 
Freud introduce la compulsión a la repetición en el concepto de pulsión de muerte, que construye a partir de los abrumadores indicios clínicos en los cuales ella da testimonio de su actividad, dimensión de 'puro automatismo' que nos enfrenta con cierto 'resto' de una fuerza demoníaca en juego, que tomado a nivel individual, se muestra como 'algo' verdaderamente paradojal, enigmático, en tanto desafía los mecanismos biológicos de equilibrio y homeostasis.

La repetición para Freud estaría ligada a la búsqueda de algún progreso humano, versión que contradice la tendencia como pura compulsión a repetir, sin embargo dentro de esta dimensión de puro automatismo, observa actuando en oposición al principio del placer, un persistente resto pulsional del lado de lo reprimido, que no ofrece resistencia, simplemente exhibe al máximo la intensidad de la urgencia pulsional. 
Pulsión de pulsiones, que demanda retornar y re-encontrar aquello que ya fue. Su corazón reproduce siempre el fracaso por recobrar el objeto perdido y será esta pérdida la que fundará en el sujeto un estado de nostalgia, que nace del hecho de que la repetición, por el inexorable efecto del orden simbólico, que exige como precio de nuestra humanidad la perdida de la Cosa, se encuentra condenada a un perpetuo fracaso.





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