El Gea

La historia secreta de los vegetales (I).

Por Alejandro F. Zucol


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Quien haya cultivado alguna vez una planta sabrá de qué hablo cuando digo que los vegetales tienen su propio lenguaje.

Al calor de la memoria

En los primeros años de colegio la maestra nos hacía observar la germinación y el crecimiento de semillas de poroto, ubicadas entre dos paños de algodón humedecidos. En esa sencilla experiencia aprendíamos a darnos cuenta de cuando la planta nos estaba "diciendo" que le faltaba agua, o que tenía mucho calor.

El hombre ha venido aprendiendo a interpretar este idioma, y muchos de estos conocimientos forman parte del acervo popular. Tomemos un ejemplo, anecdótico, si se quiere: en la zona desérticasanjuanina la manera práctica que tienen los lugareños de encontrar agua en sus desplazamientos es la búsqueda de comunidades de cortaderas. Sí, esa planta de exhuberante follaje y largos penachos blancos les está indicando que -a no más de 40 cm de profundidad- encontrarán agua.

Más allá de este tipo de aprendizaje, la herramienta que posee el ser humano para alfabetizarse en este lenguaje es el estudio de los vegetales, sus reacciones a los distintos estímulos, sus requerimientos, etc. La gran área de la Ciencia que se dedica a estos saberes es la Botánica, y en ella se estudian la anatomía y fisiología de los vegetales, su distribución geográfica, su ecología, entre otros aspectos básicos, para utilizar estos conocimientos en lo que podríamos llamar el campo aplicado de la Botánica. Es decir, saber qué factores pueden estimular o impedir el normal crecimiento de los vegetales y de qué modo se puede racionalizar su producción. Al respecto, con solo dar un vistazo alrededor, encontraremos los distintos modos en que los vegetales contribuyen con nuestro entorno, desde vestimenta a alimentos, desde mobiliario a distintos artefactos. Como si lo anterior fuera poco, basta recordar el origen del aire que respiramos para tener una magnitud de sus valiosos aportes ambientales.

Al profundizar un estudio, los códigos se vuelven más complicados, es por eso que en las investigaciones científicas muchas de las disciplinas denominadas "puras" (aquellas que no tienen una transferencia inmediata) no encuentran una rápida difusión, a no ser en los medios especializados. Por ello, y tratando de romper con esta realidad, la clave no se encuentra en transformarse en un lingüista del idioma de los vegetales, sino en aprehender a los vegetales, para así acceder al "lenguaje secreto de las plantas.





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