El Gea

Contaminación atmosférica y cerebro (II).

Por CERIDE


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El Cerebro 

Los contaminantes atmosféricos son gases que interaccionan fácilmente con otras moléculas por lo que, al entrar en contacto con el tejido respiratorio, inmediatamente reaccionan y activan mecanismos de defensa que no permiten que se transporten ni se absorban. Sin embargo, aunque el aparato respiratorio funcione como un eficiente filtro del aire inhalado, es un hecho que los contaminantes ingresan en los fluídos internos hasta llegar a invadir todo el cuerpo.

Es curioso cómo un órgano tan protegido de las influencias externas como el cerebro pueda ser alterado por el aire que respiramos. Para llegar al cerebro, el contaminante debe traspasar la barrera pulmonar, transportarse por la sangre y luego cruzar la barrera hematoencefálica, una de las más selectivas del organismo. Además, debido a que la contaminación está formada por varios gases, sería interesante saber cómo influyen éstos en las funciones cerebrales.

Un gas mortal 

Aunque el monóxido de carbono (CO) es el contaminante más abundante de la atmósfera terrestre, el hombre sólo produce el 9.4 % del CO atmosférico. El CO es un gas incoloro, insípido e inodoro, generado en los procesos de combustión incompleta.

Debido a que reacciona con la hemoglobina de la sangre, el CO es peligroso. La hemoglobina funciona normalmente como sistema de transporte en la sangre para llevar oxígeno en forma de oxihemoglobina desde los pulmones a las células de todo el cuerpo. El CO se combina de manera reversible a la hemoglobina y tiene una afinidad por ésta 220 veces más fuerte que el oxígeno. El producto formado, la carboxihemoglobina (COHb), no puede transportar oxígeno. DD Los efectos del CO en la salud se pueden medir por el porcentaje de COHb que se encuentra en la sangre, provocando, conforme aumenta, las siguientes consecuencias: afecta la percepción del tiempo y del espacio, la agudeza visual, la percepción del brillo; disminuye la actividad sicomotriz; hay dolor de cabeza, fatiga, confusión, somnolencia, hasta llegar, en casos de elevada cantidad de COHb, a la taquicardia, coma, fallas respiratorias y muerte por falta de oxígeno. La exposición a altas concentraciones de CO en humanos produce lesiones irreversibles en la corteza ceebral.





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