El Gea

Contaminación atmosférica y cerebro (I).

Por CERIDE


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En la actualidad, el nivel de contaminación atmosférica es una factor crítico en la toma de decisiones sobre la forma de vida de los habitantes de las grandes urbes. Aunque se tiene conocimiento de que la contaminación produce efectos adversos en las vías respiratorias, ¿será posible que los contaminantes atmosféricos puedan afectar también las funciones del cerebro? 

Si bien la atmósfera es susceptible de cambios naturales en su composición química, el hombre ha contribuído intensamente a estos cambios desde la Revolución Industrial. En un tiempo relativamente corto, grandes emisiones de gases, que se encontraban en bajas cantidades en la atmósfera, son expulsados diariamente por la industria y los automóviles. Estos gases - denominados contaminantes atmosféricos- se concentran en los grandes núcleos urbanos. La Zona Metropolitana de la Ciudad de México tiene casi 15 millones de habitantes. En sus calles circulan cerca de 2.5 millones de automóviles que consumen 14 millones de litros de gasolina al día; por su parte, 35 mil fábricas queman 32000 barriles de aceite y 20 millones de litros de gas diariamente. Luego, no sorprende que el monóxido de carbono, el ozono (contaminante fotoquímico de origen secundario) y los óxidos de nitrógeno y azufre constituyan, junto con las partículas suspendidas, el 98 % de la contaminación ciudadana. Los niveles de contaminación mexicanos se determinan mediante el Indice Metropolitano de Calidad de Aire (IMECA), que tiene su equivalencia con la unidad de medida de partes por millón (ppm) utilizada internacionalmente.

Se ha hecho un gran esfuerzo para investigar los efectos de estos contaminantes ambientales en las vías respiratorias ya que son su primer blanco en el organismo. Se sabe que las consecuencias de la exposición a diferentes concentraciones de ozono y a las de óxidos de azufre y nitrógeno producen desde irritación de mucosas y constricción bronquial, hasta muerte por edema pulmonar. ¿Por qué, entonces, hemos sobrevivido a la constante exposición de gases tan tóxicos?

La Tolerancia 

Desde sus orígenes, la composición de la atmósfera ha cambiado paulatinamente, lo que ha permitido que los organismos pudieran desarrollar estrategias metabólicas para atenuar los efectos de estas variaciones. Este fenómeno atenuador se conoce como tolerancia. Aunque las enfermedades respiratorias en los habitantes de la ciudad de México han aumentado con la contaminación atmosférica, es obvio que el aparato respiratorio de estos habitantes ha desarrollado tolerancia a los crecientes niveles de contaminación. Así se podría explicar el que los visitantes que arriban a la ciudad de México, por primera vez, padezcan molestias respiratorias por varios días, mientras que los habitantes de la capital no refieren ningún malestar de este tipo. Es también conocido que los altos índices de contaminación se asocian con otros malestares que no remiten al aparato respiratorio, como dolor de cabeza, náuseas, somnolencia, etc. Estos síntomas denotan una clara influencia de los contaminantes del aire en el cerebro, pero ¿cómo llegan a él?





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