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Los fumadores irrespetuosos (III)



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Pondré como ejemplo lo que suele pasar en un país del Europa que pertenece al llamado primer mundo: España.

En España actualmente se están poniendo en marcha lentamente una serie de políticas que buscan disminuir el consumo de tabaco a través de advertencias más o menos agresivas sobre sus perjuicios en las cajetillas de cigarrillos, de restricciones en la publicidad, etc., las cuales buscan ponerse en consonancia con las políticas que exige la Unión Europea para sus miembros. A su vez, por supuesto existen reglas y leyes anteriores que regulan esta actividad y que, por ejemplo, prohíben el fumar en el transporte público. Sin embargo tales reglas en muchos casos no sirven para nada, ya que no se hacen cumplir.

Aunque está prohibido fumar en las estaciones de metro (subterráneo) y/o tren (llamado “cercanías”), es prácticamente imposible encontrarse en el andén a la espera de alguno de estos transportes sin aspirar el humo de alguno de los innumerables fumadores que hacen caso omiso a esta ley. Las vías se encuentran plagadas de miles de colillas de cigarrillos, las que sería casi imposibles limpiar sin suspender por varios días el servicio ferroviario.

A pesar de que existen carteles visible que indican claramente “no fumar”, y muchas veces aclarando a su vez el coste de la multa correspondiente por infringir esta ley, paradójicamente los tachos o botes de basura de metal tienen un sector específico donde apagar y desechar los cigarrillos.

¿En qué quedamos? ¿Quién comete aquí el error? ¿Los que adecuan las formas de recolectar la basura a una realidad (la gente fuma en el transporte público) o los que colocan los carteles de prohibido fumar? El error lo comete la administración creyendo que su tarea acaba cuando la ley se ha puesto vigente, olvidándose que si no se controla un vicio tan arraigado que constituye un hábito natural, la gente no hará caso de ninguna advertencia.

En mi opinión, imágenes como esta pintan de un solo plumazo un país: la actitud del Estado ante la actitud de sus ciudadanos (los fumadores que faltan el respeto, los no fumadores que lo permiten).

Si usted no es fumador y le molestan estas mismas cosas, hágase respetar. Recuerde: los buenos modales no implican cargar con los desechos (humo) de los demás. Exija con respeto que lo le falten el respeto.

Si usted es fumador y llegó hasta el final de este artículo, es porque es una persona tolerante. Por eso le recuerdo: no olvide respetar la elección de no fumar de los demás. Contrólese cuando sea necesario, demuestre que antes que un fumador es un ser civilizado. Y lea este otro artículo.

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