El Gea

El Güeyu Deva (II).


aportando al otru llau del espeyu

Por José Luis del Río Fernandez - Xesús Fernando Manteca Fraile - Isidro Baides Morente - Juan José Alonso.


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Hasta hace unos pocos años un sifón -una galería sumergida- era, para la mayoría de los espeleólogos asturianos el final de la cueva. Detrás, todavía quedaban mil incógnitas por resolver. Y la fiebre de la exploración no sabe de límites. Así fue que en el año el Grupu d'Espeleoloxía Gorfolí fundó una sección en la que tuvieran sitio los espeleólogos federados con interés en conocer las técnicas de espeleobuceo, intentando así ensanchar sus posibilidades de exploración. Al poco tiempo se unieron a esta sección otros espeleólogos asociados en otros grupos de espeleología de Asturies y Cantabria, surgiendo así el Ensame Aguarón.

Espeleologia y exploracion: espeleobuceo.

Las primeras inmersiones en cuevas asturianas fueron hechos en la década de los 70 por espeleólogos británicos y, después, por suizos y franceses en los primeros años 80. Todavía se recuerda en los ambientes espeleológicos asturianos la triste muerte en septiembre de 1976 del espeleólogo británico Derek Trignam, al intentar explorar un sifón en la Cueva la Veigalonga, en el Concejo de Yernes ya Tameza.

6 de Abril de 1997

"El golpe que siento en el casco me indica que ya tengo los focos conectados a las baterías. La voz de mis compañeros me llega sorda, a causa de lo apretada que me queda la capucha. Además, el casco me provoca una extraña resonancia en los oídos. Estoy sentado en las piedras que limitan la charca del Güeyu Deva, y lo que veo delante de mí no es nada que sea apetecible para bucearlo. Una charca con el fondo lleno de escombro y de frente un acantilado de varios metros sobre el que se encuentra la iglesia de Nuestra Señora de la Peña Francía. El acantilado está compuesto de estratos horizontales que aparentan estar allí acumuladas de forma artificial. El agua parece surgir entre las grietas que queden entre los estratos calizos y no me parece que halla un paso demasiado amplio como para dejarme pasar. Me pongo de pie y el agua me llega un poco por encima de los tobillos. Con las aletas puestas, entro en la charca caminando hacia atrás, medio tropezando e intentando no caer, siguiendo las indicaciones de mis compañeros: "un poquito más a la izquierda", gritan. Por fin tropiezo con el acantilado -me parecía que estaba más lejos- y me arrodillo trabajosamente. A pesar de que llevo un equipo ligero, el peso no baja de 35 kg. mal distribuidos. Miro otra vez para la orilla y alguien me tira un beso. Yo le guiño un ojo y sonrio, pero mi mirada está escondida por la máscara y mi sonrisa no es más que una mueca forzada por el cierre de la capucha.

Espeleologia y exploracion: espeleobuceo.

Hago la última comprobación, a ver si está todo en su sitio. Manómetros atados a las muñecas, computador en la mano derecha, tijeras en la izquierda, cordeles auxiliares, brújula, tablilla... está todo. Me tiendo en el suelo y meto la cabeza en el agua para comprobar los reguladores y las luces. Todavía tengo el cuerpo fuera del agua y noto el peso del equipo presionándome los pulmones. Ahora sé lo que sienten las ballenas varadas en la costa. Saco la mano izquierda del agua y ese gesto torpe sirve de despedida antes de sumergirme. Oigo muy lejos a alguien decir "Por Deva", y me arrastro por el agujero que aparece más grande debajo del agua. Este es el camino para saber lo que hay detrás del espejo.





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