Avalanchas o aludes de nieve (II).



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Por otra parte, existen ciertos factores geográficos y forestales que también influyen, ya sea en la creación de avalanchas, como en su posterior evolución. Entre estos se encuentra:

1) - La mayor o menor altitud. Es decir, altitud “suficiente”.

2) - El ángulo de la pendiente. Generalmente se dan en pendiente de entre 30 y 45 grados, la que lamentablemente es también la inclinación idónea para la práctica del esquí alpino.

3) - Mayor o menor cantidad de árboles. Estos evidentemente puede influir en la velocidad o el inicio de la avalancha, frenándolas o contribuyendo a que no se produzcan. Sin embargo, muchas veces los árboles no pueden detener una avalancha o alud, siendo partidos y quebrados a su paso sin siquiera afectar su trayectoria demoledora. Luego suele reconocerse fácilmente el camino del alud debido a los “ríos de nieve” que en estos casos dejan en los bosques a su paso.

A este respecto, hay que recordar que las avalanchas son más frecuentes allí donde los árboles de un bosque “extrañamente” no crecen.

Existen numerosas formas de clasificar las avalanchas o aludes por tipos o clases, la más intuitiva de ellas (aunque no la más técnica y precisa que es la que clasifica a las avalanchas por su morfología) las divide en los tres tipos siguientes:

1) - Avalanchas de nieve en polvo.

2) - Avalanchas húmedas o de agua nieve.

3) - Avalanchas en bloque o de desplazamiento de placas sólidas de nieve dura.


Se observa al fondo, tras un explorador del Gea, otra zona
propicia para las avalanchas o aludes de nieve de la patagonia,
en un dia de muy mal tiempo.




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