F. Ferrero

Avalanchas o aludes de nieve (I).



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Según una definición clásica de diccionario, las avalanchas o aludes son una “Gran masa de nieve que se desprende de los montes o montañas con violencia y estrépito”. Pero cualquiera sabe que por todas las implicancias muchas veces perjudiciales que traen aparejadas, las avalanchas o aludes no se pueden agotar en una simple definición, son mucho más que eso.

En principio hay que saber que los aludes o avalanchas se producen cuando la fuerza de la gravedad es mayor que la fuerza que mantiene unidos a los copos de nieve. Son muchísimas las variables del terreno, climatológicas y / o humanas que pueden influir para que se alcance esta situación y se produzca una avalancha, la llamada “muerte blanca”. Entre las razones meteorológicas y del terreno podemos citar las siguientes:

1) - El estado del tiempo: exceso de sol o calor (temperatura), lluvia o viento.

2) - Formación de una capa de nieve débil (llamada técnicamente “roca de superficie”) o una capa de nieve dura.

Las distintas combinaciones de estos dos factores provocan habitualmente las avalanchas o aludes.

Por ejemplo, el viento puede crear una capa de nueve dura, la que luego se cubre por una capa de nieve floja propensa a los deslizamientos sobre el bloque de nieve que la sostiene. El viento también puede apilar la nieve en cornisas que al llegar a acumular una carga que no les permite sostenerse terminan desmoronándose, creando gracias a la pendiente y la acción de la gravedad un alud o avalancha.


Explorador del Gea cerca de una zona de avalanchas formada por
una cornisa de nieve claramente inestable.




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