El Gea

¿Quién quiere utopías? (III).

Por Nieves y Miro.


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Y sin ir muy lejos, lo mismo es cierto de Stalin. Sus victimas no fueron muertas para capturar y colonizar territorios... fueron muertas porque no encajaban, por una razón u otra, en el orden social. El asesinato colectivo no fue una obra de destrucción, sino de creación. Su fin objetivo fue la consecución de un mundo mejor, mas eficiente, justo y hermoso. En ambos casos, ya sea a través de la pureza racial o la sociedad sin clases, el sueño es el de un mundo libre de conflictos, ordenado, controlado y armónico.

Lo que no debemos olvidar en este recuento es el hecho de que si la Anti-Figura en la ideología nazi se encarno en el judío esto no es debido a una desarrollo necesario, sino contingente. En principio, pudo haber sido cualquiera de nosotros. En otro momento y en otras circunstancias la figura del judío puede sustituirse por las de los gitanos, los latinos, los homosexuales, los infieles... La decisión de quien será eventualmente estigmatizado depende en gran medida de la disponibilidad dentro de una configuración social particular de grupos que puedan jugar este papel en la fantasía social y esta disponibilidad es siempre construida socialmente a partir de materiales existentes.

¿Cómo podemos dar cuenta de esta dialéctica entre la fantasía y la producción del enemigo? La visión utópica de un orden social armónico solo logra ser sostenida si el desorden actual puede ser atribuido a un elemento ajeno. Desde el momento en que la realización del mundo utópico es imposible su discurso solo puede mantener su posición hegemónica si atribuye esta imposibilidad a un elemento discordante. La posición utópica se encuentra, por tanto, en la desconcertante situación de tener la necesidad vital de un enemigo que al mismo tiempo necesita destruir. Esta trágica paradoja da lugar, no a la reconciliación entre libertad humana y cohesión social, sino a la pura y simple coerción totalitaria, con su grotesca secuela. La noción misma de fantasía constituye un caso ejemplar de la noción de la "coincidentia opositorum"... Por un lado, la fantasía posee un lado beatifico, una dimensión armonizante, el sueño de una humanidad sin contradicción. Y por otro lado, la misma fantasía se nos presenta como algo profundamente desestabilizante. El sobrante del sueño nazi es la "conspiración judía", como en la misma forma la compulsión stalinista de descubrir permanentemente nuevos enemigos fue el lado obsceno la pretensión de crear al "Hombre Nuevo". La distopía es el lado siniestro de la utopía.





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