El Gea

¿Quién quiere utopías? (II).

Por Nieves y Miro.


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De acuerdo con Cohn (1993 b.), es posible establecer que las raíces tanto de la demonización como del pensamiento utópico dentro del Occidente pueden ser ya discernidles en el mundo Greco-Romano, en donde primero los judíos y luego los cristianos fueron acusados y perseguidos por el delito de practicar ritos cabalísticos y criminales. Hacia el final de la segunda centuria D.C., según Tertuliano, los cristianos eran la causa de cada catástrofe publica y de cada desastre que afectaba al populacho. Si el Tiber se desbordaba o las aguas del Nilo disminuían, si había sequía, hambruna o plaga, el grito era uno solo... "¡¡¡Que tiren a los cristianos a los leones!!!". Esta difamación de los cristianos que los excluyo de los limites de la humanidad, al igual que incansable persecución, fue repetida innumerables veces en las ultimas centurias, en donde los perseguidores y perseguidos, los victimarios y sus victimas eran cristianos (Bogomiles, Waldensians, el movimiento Fraticelli, los Cathars... ). Y en esta misma fantasía la que igualmente llevo a la gran caza de brujas, siendo siempre su trasfondo un periodo de dislocación y desorientación, cuando el pueblo tenia que enfrentar una situación totalmente ajena a la acostumbrada experiencia de normalidad (plagas, hambrunas, desastres naturales)

Este mismo conjunto de características las volvemos luego a encontrar, sorprendentemente, en los tiempos modernos en una serie de fenómenos sociales, siendo la fantasía anti-semítica contemporánea una de las mas relevantes. Es aquí donde logramos ver con mayor claridad como los remanentes de los terrores demonológicos del pasado se mezclan con las nuevas ansiedades y resentimientos que empiezan a surgir como respuesta a la emergencia de la modernidad (secularismo, liberalismo, socialismo, industrialismo, etc..) y la consecuente dislocación de formas tradicionales de vida. Enfrentados con tales desarrollos desconcertantes y amenazantes la gente se vuelca fácilmente hacia la búsqueda y promesa del restablecimiento de la armonía perdida. Es en este contexto en donde Hitler logra persuadir a la gente que él es su única esperanza. Y es en este mismo contexto, también, en donde el judío se transforma en una Anti-Figura, en el Anti-Cristo moderno. Rosenberg, Gobbels, y el resto de los ideólogos nazis usaron el fantasma de la raza judía como elemento unificador de los temores del pasado y la posible victimización modernista con el ideal de la creación de una futura sociedad del pueblo alemán capaz de detener los peligros y excesos del modernismo. En palabras de Rosenberg, uno de los signos primarios en la lucha venidera por la nueva organización del mundo es el entendimiento de la verdadera naturaleza del demonio que ha causado nuestra caída. Solo con ello el camino se abrirá a una nueva era. Dentro de este esquema, la eliminación del Anti-Cristo, esto es de los judíos, se considero como el remedio de toda dislocación social, la clave a un nuevo mundo armónico. Dicho simplemente, la eliminación de los judíos se presenta como lo único que puede transformar el sueño nazi en realidad, lo único que puede llevar a cabo la utopía.





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