El Gea

¿Por qué no ser cruel? (III).

Por Nives y Miro Fuenzalida et al.


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Néstor Martínez escribió:

Estimados:

Efectivamente, sin la metafísica, la opción entre ser cruel o no serlo es cuestión de puro capricho. (Ojo, no hablo del estudio especializado de la metafísica, sino de una convicción intelectual acerca de la verdad, que va más allá de lo empíricamente verificable). El discurso "solidario", montado sobre esas bases, es sin duda algo noble, pero carece de lógica, e intelectualmente, es una marcha atrás. Después que han dicho que no hay razones para ser solidarios, vuelven a proponer la solidaridad. Muy bien por la solidaridad. Pero alguien les podría preguntar ¿porqué? ¿Podrían decir algo que no fuera "porque así lo sentimos"?, a lo que el otro podría perfectamente responder "pues yo no". ¡Qué lástima! dirían ustedes. Y él respondería: No, qué lástima ustedes! Lo único que quedaría entonces es ver quién tiene el garrote más pesado. Obviamente yo creo que ustedesg tienen razón (en lo de la solidaridad, al menos). Pero eso es pura metafísica. La moral en general (sea de derecha o de izquierda, por favor) es pura metafísica. José Luis pregunta por el valor separado del ser. No hay. En principio, no hay valores, hay cosas valiosas. Decir que una banana tiene valor alimenticio es lo mismo que decir que la banana es alimenticia. Es decir, hay una relación objetiva entre lo que la banana es y las necesidades de mi naturaleza humana. Es un valor alimenticio, no moral. Lo moral supone otra cosa: el universo personal, en el que existe la libertad. Ahí tenemos las personas la posibilidad de actuar o no, libremente, de acuerdo con lo que somos y estamos llamados a ser. Una acción moralmente valiosa es una acción libre que concuerda con lo que somos como personas. Es mi ser, y el ser de los otros, en tanto personales, el que plantea la exigencia de la solidaridad. Eso es metafísica, porque la persona, para empezar, es algo metafísico.

Lo que dice León sobre la apuesta a la comunidad dialógica me hace acordar inevitablemente al barón de Münchausen, que se quería sacar del pantano tirándose del pelo. No hay razones, porque no hay verdad, ni hay metafísica, pero vamos a dialogar. ¿Sobre qué? ¿Con qué finalidad? ¿Ponernos de acuerdo? ¿Cómo, si no hay verdad? No vamos a convencer al otro de la verdad, porque no hay. Luego ¿lo vamos a engañar, para que sea bueno? ¿O no lo vamos a convencer de nada? Y entonces ¿para qué el diálogo? ¿No era para ponernos de acuerdo? ¿Podemos estar de acuerdo en algo si no estamos convencidos de nada?





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