El Gea

Mariposa cibernética (II).

Por Patricia L. Boero y Nieves y Miro.


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Vista así, la diferencia entre Chuang Tzú y el hombre que posa es que Chuang gestiona la fantasía en el sueño, consigo mismo, solito con su almita. Y se pregunta, claro, dudando de su existencia, como todo normótico que se precie: tramitando la mayor parte de las cosas por medio del pensamiento sin pasar al acto, es decir, no se va a otro pueblo donde no lo conocen, ataviado con unas deslumbrantes alas de gasa, como el ángel de Baudelaire, a proponerse como polinizador. El hombre que posa, en cambio, parece que toma al otro como objeto de su mirada, lo desubjetiviza, lo convierte en mera prótesis y en espectador pasivo de su representación sin que el tipo (el interlocutor) diga mu. De aquí a decir que eso sucede a cada paso en la vida cotidiana plantearía un 'n' tema que tornaría gelatinosas los suelos firmes sobre los que nos paramos, pero habrá que apechugar (quiero decir que, con esto hasta podría deducirse muy poéticamente que la vida es sueño, sin decir nada de la vida ni del sueño). Intuyo que esto ha de marcar posiciones subjetivas diferentes, me refiero a en qué queda convertido el otro cuando yo me relaciono con él. Intuyo que ha de tener que ver con la ética, aunque quizás esté alucinando.

También me raspa la inclusión de conceptos psicoanalíticos en estado salvaje. Voy a ver si puedo seguirte. Cuando 'toda una vida' es una formación defensiva secundaria de un 'otro yo', ya entramos en un terreno complicado cuya viscosidad sólo puede atenuarse gracias al recurso de los 'buenos' ejemplos (la maravillosa mujer que el hombre lleva adentro, amordazada por quién sabe qué recurso defensivo) Suenan bien, pero precisan del contra-ejemplo que cambie el signo 'poético' en una escenita de terror, claro que usando la misma estructura, cuestión de ver si funciona también con otras cosas y si sentimos la levedad angélica de la mariposa o la piel de gallina de lo siniestro.

Para eso, en lugar de imaginarme a alguien con dificultades en la asunción de su género me imagino a un perfecto mediocre que esconde detrás de su gris existencia su verdadera y reprimida ¿identidad fantasmática? (y explícame qué es esto, please, porque huelo guiso de Lacan): es un asesino serial, un acosador, un 'stalker', un estafador o un chantajista emocional y aunque no lo sabe, puede deducirse del tipo de intercambio que realiza con los otros. Juega a ser malo en la red. Juega a cyber-villano. Posa. Hace catarsis el muchacho. Entonces: el mediocre y gris empleado de cuarta categoría que posa como escoria virtual ¿no será un asesino desinhibido que sueña que es un mediocre y gris empleado de cuarta categoría? Y después, cuando pienso que soy yo quién tendrá que habérselas con el sujeto en el místico espacio sideral o en el de la acera nomás o la taquilla, me pasa como cuando vi, por primera vez, la escena de la ducha de Psicosis.





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