El Gea

El crucificado (III).

Por Nieves y Miro.


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Dentro del movimiento analítico predomina la idea de que, en su sentido general, la primera mitad de la vida se caracteriza por el desarrollo de la conciencia y su progresiva separación del inconsciente. Erich Neuman, basándose en materiales etnográficos, ha descrito simbólicamente el estado psíquico prior al surgimiento del yo, usando la imagen circular de la serpiente comiéndose la cola. De acuerdo con él, este seria el Mandala original que representa el estado de totalidad inconsciente, desde el cual el germen del futuro ego, centro de la conciencia, nace. A partir de ese instante, la psique posee, no uno, sino dos centros autónomos sin comunicación ni reconocimiento y su relación, altamente compleja y problemática, corresponde cercanamente a la relación del ser humano con su "Creador". Es en este sentido, el mito cristiano puede ser visto como una expresión simbólica de la relación entre la conciencia y el inconsciente, entre el yo y la simismidad, en sus diferentes estados de crecimiento y de desarrollo. En sentido teleológico el sentido final de la individualización es la reunión de estos dos centros, su integración y unidad, a un nivel mas alto. La conciencia reconoce al inconsciente y este se hace consciente de simismo. La muerte y la resurrección de Cristo representa el momento en que Dios logra su propia completitud: "coincidentia oppositorum".

La tradición judeo-cristiana, muy pronto después de su origen, se transforma en una organización religiosa, con la autoridad teológica de seleccionar y rechazar símbolos colectivos, con lo que empieza a perder contacto con la riqueza arquetípica de sus inicios. Por esta razón, de acuerdo a Jung, es que el Dios de la tradición judeo-cristiana, es un Dios incompleto, ya que el símbolo de la Trinidad no reconcilia todos los opuestos, al dejar afuera la Mujer, la Naturaleza, el Cuerpo y el Mal. El intento de Dios de transformarse en hombre es un intento fallido, desde el momento que los opuestos, por no ser reconocidos, no pueden ser completamente integrados.

Esta es la razón por la que el Cristianismo no puede resolver la problemática psicológica de la humanidad, a no ser que sea capaz de proveer a través de su simbolismo una completa unificación de los opuestos, que este mas en línea con los procesos naturales de la individualización psicológica.

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