José Antonio Navarro Pérez

Infinito, tiempo, metáforas y sol (IV)

Por José Antonio Navarro Pérez y Aldo Mazzucchelli et. al.


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Simplemente nuestra noción de infinito, entonces, podría ser una consecuencia de que nuestra noción misma de tiempo (y de espacio) están vinculadas con nuestra experiencia de eventos preceptúales sucesivos, y esos eventos han configurado nuestro cerebro de tal forma que dado un punto, siempre pensamos en dos más. Dado que nunca experimentamos (nuestro aparato perceptual no nos lo permitiría) un lapso perceptual vacío (está claro que el sueño se candidatea al misterio aquí, pero más misteriosa es la continuidad del yo al despertar), entonces tampoco "tenemos idea" (como muy sabiamente dice la expresión) de lo que el "infinito" sea, aparte de una consecuencia metafórica ("siempre un paso más") de una metáfora de base: "el tiempo es una sucesión, y una sucesión es perceptual, y toda sucesión perceptual está compuesta de al menos tres lugares".

Pero en el mundo de lo no humanos, ¿por qué no va a poder haber algo como una existencia fuera de un tiempo sucesivo? ¿Por qué no va a haber, incluso más, múltiples tiempos, paralelos, o tiempos sucesivos, solapados, marcados y transcurriendo en la conciencia de los más diversos entes de percepción, que configuran su pensamiento a partir de los intervalos de eventos que logran percibir?

Si esto es así, una piedra tal vez piensa, y tal vez los intervalos perceptuales de una piedra corresponden a lentísimos eventos minerales que nos son inconcebibles. Pero aún si es así, tal vez la piedra comprenda sólo un poco mejor que nosotros la idea de infinito.

Un saludo
Aldo Mazzucchelli





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