José Antonio Navarro Pérez

Infinito, tiempo, metáforas y sol (III)

Por José Antonio Navarro Pérez y Aldo Mazzucchelli et. al.


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Ahora bien. ¿Qué pasa con cosas como el Big Bang, para una mente como la nuestra, conformada radicalmente con la metáfora básica del Tiempo Espacial (como la llaman los cognitivistas)? (una metáfora básica es algo que está enraizado en el cerebro mismo. No hay a donde retroceder más atrás para buscar una forma más "apropiada" de decir). No tenemos recursos para pensar en que no hay nada antes del Big Bang, porque debido a nuestra constitución de metáforas básicas, pensamos en el Big Bang, que conceptualmente en física es un "momento", como un evento situado en una sucesión espacial (lo cual es perceptual y espacial). En consecuencia, hemos caído en nuestra propia trampa, y estamos "OBLIGADOS" a sentir o pensar que antes del Big Bang hay "algo". ¿Qué? Pues "lo que está antes del Big Bang", naturalmente...

La perplejidad irrebasable viene de la contradicción de querer pensar un evento temporal en términos de lo que no tiene un antes, con una mente que sólo puede concebir el tiempo como algo que tiene antes y después por definición, pues está estructurado según la metáfora corporal del espacio y la percepción.

Puesto que tenemos esa mente naturalmente metafórica, pues somos animales acostumbrados y habituados a vivir y conformados a sobrevivir en el mundo de las diferencias perceptuales sucesivas, y a asociar esas diferencias con nuestra experiencia sensoriomotriz del espacio, y a llamar a ese núcleo "tiempo", no podemos concebir una sucesión (palabra del dominio perceptual) de eventos que no sea... una sucesión. El modelo de la sucesión es necesariamente de tres puntos, un antes, un ahora y un después, como lo es el de nuestro cuerpo al avanzar en el espacio.

Si alguien dice que hubo un Big Bang, y que antes no había nada.... nuestra mente no puede captar eso. Se trata de que captemos una sucesión que no es una sucesión... No estamos dotados para ello. El sorprendente descubrimiento es que el hombre no hace pie en algunas cosas que puede imaginar, y en este sentido hay una toma de conciencia del carácter esencialmente metafórico de nuestro pensar, que es capaz de dar saltos conceptuales (como el de infinito) que no son acompañados por el resto de nuestro sentido común y nuestra mente.





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