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Etica y estética (II)

Por José Luis Ramírez y Aldo Mazzucchelli


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La formulación kantiana es de esas que a mí me dejan los pies fríos y la cabeza caliente. No sé qué hacer con ella. Pero, por supuesto, se pueden escribir artículos muy bonitos y sostener discusiones intelectuales muy elevadas.

Como ya dije en mi anterior, para mí la teoría no es más que un sector de la poiesis, si bien un sector muy especial y cada vez más privilegiado por su valor tecnológico. Entonces no cabe colocar el juicio estético entre la teoría y la praxis sin preguntarse qué hacemos con la poiesis.

La estética se halla para mí colocada justamente entre la praxis y la poiesis. La estética es un estudio de la relación entre poiesis y praxis análogamente al de Significante y significado. "Lo que hacemos" es el significante de algo que no se puede ver y describir (la poiesis es descriptible la praxis no) sino simplemente interpretar. Dejar que mi intención encarne en una expresión de cualquier orden (lingüística o artística, ambas son lo mismo) en un hacer visible un sentido o intención, eso es el fenómeno estético. Nuestra estética muestra nuestra ética. Haciendo lo que hacemos mostramos quienes somos. Yo no soy mi cuerpo, sino mis acciones, mi ethos, mi carácter.

De ahí se desprende el valor de la Retórica como el estudio de la expresión y la comunicación humana. El que retórica y poética se den la mano es muy significativo. El discurso retórico es el primer significante de quien soy, el primer rasgo estético de mi ética. No hablo de ética como mera moral, por supuesto. Eso es reducir la ética a ciertos tipos de acción. Ethos significa carácter. Y la Retórica nos enseña a apreciar e interpretar no solamente lo que alguien dice o quiere decir, sino qué tipo de persona es y qué concepto tiene de nosotros al hablarnos. Ethos, pathos, logos son los tres ángulos de interpretación de la expresión lingüística (o de cualquier otra, pues la retórica es extensiva al arte y a los demás lenguajes).

El tratar de usar la Retórica no ya como un estudio de lo que es la expresión humana sino como una técnica de manipular al otro, es algo que sólo logra éxito entre imbéciles. Los manipuladores interpretan ethos, pathos y logos como una forma de expresarse en la cual yo logre presentarme como alguien fiable y simpático (ethos), diciendo a la gente lo que ellos esperan oír (pathos) y eligiendo palabras y formulaciones que favorezcan mis propósitos (logos). Y en una disputa se trata de poner en evidencia la mala ética del otro acusándole o de defenderse de ello. Como aquella discusión en la que Olof Palme acusaba al entonces primer ministro de derechas de querer arruinar el sistema de pensiones. A lo cual el interpelado (es decir el pelado por dentro) respondía: "Está Olof Palme insinuando que yo pretendo quitarle a mi madre su pensión?"





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