El Gea

Algunos modelos de interpretación en Historia (XIX)

Por Mario González Plata


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Cuando alude Benveniste a estas cuestiones nos proporciona las tendencias de la narrativa de la lengua escrita, este lingüista asume que la lengua es la interpretante y además, constituye a la sociedad y a la historia. Obvio que desde el punto de vista de la lengua hablada y no textualizada. No empero el signo es solamente una enunciación del pensamiento a pesar de que sea producto y se realice a través de otra enunciación, a fin de cuentas la enunciación representa la imagen interiorizada en forma individual o colectiva de una idea conceptual, es la forma y su función corresponde a un proceso de interiorización de los sujetos extratextuales, o si se prefiere, corresponde a un proceso intercomunicativo.

Si pensamos con la lógica del lingüista y desde la perspectiva de la semiótica narrativa, resulta contundente y en forma inobjetable que la historia es producto de las ideas hegelianas, las ideas crean el mundo y su historia, y como detrás de la idea absoluta de Hegel está el espíritu absoluto auto creador que se sabe así mismo. Consecuentemente, Dios es el creador convertido en razón, aunque ahora ya no se llama “idea”, sino “signo”; diríamos signo que se conoce así mismo.

Sé de antemano que los semióticos objetarán lo antes expuesto con el argumento de que la lengua o el texto no pueden ser de ninguna manera “el efecto de otra función preexistente”. Aunque lo que yo he tratado de exponer no es la preexistencia fundacional de la lengua y el texto, no se trata del origen, sino de la coexistencia originaria del pensamiento, la lengua y el trabajo. Lo que realmente hace el semiólogo es postular autonomía para el signo y al realizarlo se construye el nuevo nombre con el que Hegel designaba el concepto de razón en tanto realidad. Ahora vamos a prenderle veladoras al “signo” para que nos diga su verdad sobre la historia y el conocimiento de ella.

Cabe hacer una última aclaración, en el sentido de que he tratado de señalar simplemente los criterios con los cuales es más pertinente analizar los acontecimientos históricos que, no deben confundirse propiamente con el pasado como tal, pero tampoco como un “efecto de realidad” de una narrativa. Si a estos criterios de las estructuras de la cultura como convergencia intersubjetiva se le quiere llamar de alguna manera, la verdad no importa. Por lo demás, entrar a particularizar y desarrollarlos es tema de otra discusión.

Dic. De 1988. Mario González Plata.





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