El Gea

Algunos modelos de interpretación en Historia (XVII)

Por Mario González Plata


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Como ya se ha dicho, es claro de observar que siempre se tiende a privilegiar los fundamentos del conocimiento desde un punto de vista a pesar de que se realice en un nivel intersubjetivo. Podríamos hablar de la intersubjetividad del signo, de la intersubjetividad de la práctica humana y de la idea. No obstante, la intersubjetividad de la que pretendo hablar corresponde a un nivel superior y puedo decir que solamente aquí, en este espacio es donde se dirime la verdad del conocimiento. A saber, en la convergencia de las estructuras del lenguaje, de las estructuras económicas y de las estructuras del pensamiento.  
 
La combinatoria tensa y de reflexión de estos niveles estructurales constituye la verdadera intersubjetividad, por medio de la cual se abre un abanico de posibilidades para acceder a la construcción de la realidad y al conocimiento de la cultura. Por ejemplo, ciertos objetos transformados por la mano del hombre como pueden ser el microscopio, el telescopio o el telégrafo; tales objetos han aumentado la capacidad de sensación y percepción para el pensamiento y ello ha repercutido en la creación de nuevas ideas, nuevos paradigmas para interpretar el mundo y la vida. Pero asimismo, el lenguaje que transforma su materia (sensaciones visuales y auditivas) en imágenes verbales y gráficas que en lingüística y semiótica se conceptualizan como signos, ellos también han sido imprescindibles para la actividad que transforma los mismos objetos. 
 
El conocimiento de la vida y el universo se debe de estructurar en esta combinatoria intersubjetiva de las estructuras de la cultura, pasando previamente por otra combinatoria de cada una de las estructuras aludidas para llegar a la verdadera convergencia de las ciencias del hombre. Aquí abordamos evidentemente un campo tan espinoso y abstracto donde las cosas no son tan fáciles de captar, intentar hacer evidentes las relaciones que se realizan entre la praxis humana, la producción de imágenes del lenguaje y la producción de ideas, es intentar comprender críticamente en otro nivel, la praxis, la imagen y la idea como creación. No podemos disociar estos niveles de actividad incesante que convergen en la vida del hombre, es decir, lenguaje, trabajo y pensamiento.  
 
Digamos que el pensamiento es el contenido y el lenguaje la forma; el pensamiento es la abstracción pura de la idea, el lenguaje es la interiorización de esa idea por medio de la imagen individual o colectiva; pero forma y contenido no son nada sin aquella actividad que llamamos trabajo que transforma en realidad nuestra naturaleza.





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