Filosofía del Lenguaje - Guías.

GUIA Nº1 - Sentido, denotación e imagen asociada - Fregue y B. Russell (II)


Filosofía del Lenguaje
Prof. Tit.: A. Moretti
1998 - Carrera de Filosofía - UBA



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1b) – Me parecen incompatibles los rasgos que Frege atribuye a la noción de sentido de los nombres propios en el fragmento nº2, que dice lo siguiente: “El sentido de un nombre propio es aprehendido por todo aquel que tiene suficiente familiaridad con el lenguaje o con la totalidad de las designaciones de las que el nombre propio es parte” y la idea expresada en el fragmento nº3, de que el sentido “[...]no es parte o modo de la mente individual” .

El mismo Frege parece encontrar cierta complicación en la afirmación del fragmento nº2 por lo que, en el texto mismo, agrega la siguiente nota aclaratoria: “En el caso de nombres propios genuinos, como “Aristóteles”, las opiniones pueden diferir en lo que atañe al sentido. Por ejemplo, podría ser aceptado como tal [..] el discípulo de Platón y el maestro de Alejandro Magno. Quien lo haga así adjudicará a la oración “Aristóteles nació en Estagira” un sentido diferente de quien considere que el sentido del nombre “Aristóteles” es: el maestro de Alejandro Magno que nació en Estagira. En tanto la denotación siga siendo la misma, estas variaciones del sentido pueden tolerarse, pero deberán evitarse en la estructura teórica de una ciencia demostrativa y no deberán aparecer en un lenguaje perfecto.”

El sentido de “Aristóteles” que es aprehendido, entonces, no parecería ser algo fijo y captable totalmente por cualquier ser humano, sino que variaría de una persona a otra; dependería del conocimiento, en este caso, de la biografía de Aristóteles que cada uno poseyera. Para salvar esta dificultad frege dice que “En tanto la denotación siga siendo la misma, estas variaciones del sentido pueden tolerarse [...]”, es decir apoya el peso de la variación del sentido de “Aristóteles” en su denotación.

Ahora, sobre la denotación, afirma más adelante: “Para justificar la mención de la denotación de un signo es suficiente señalar [...], nuestra intención al hablar y pensar, aun cuando debemos agregar [...]: siempre que exista tal denotación”. Esto nos lleva al problema de cuales son los criterios para determinar la existencia de una denotación. Obviamente este criterio no podría basarse sólo en la percepción sensorial directa de lo denotado pues, en este caso, no se podría afirmar que se ha percibido a Aristóteles, o que puede hacerse esto, o que conocemos a alguien que lo ha hecho. El conocimiento de Aristóteles surge de ciertos documentos trasmitidos históricamente, a los que se le asigna cierta credibilidad o validez, la cual puede tornarse todo lo contrario en cualquier momento gracias a otra investigación que se apoye en ‘x’ causas. Como sea que concluyan estas reflexiones sobre la denotación, el caso es que Frege no se ocupa de dar una explicación al respecto del tema en cuestión.





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