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Suicidio, superioridad y felicidad animal (XII)



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Néstor Martínez escribió:

Estimada Ana María:

El suicidio es un acto intrínsecamente contradictorio en su finalidad, y por tanto, contrario a la razón, de donde se sigue que es contrario a la ética, dado que lo ético es obrar según la razón. Es contradictorio en su finalidad, pues el que se suicida no deja de ser un buscador de la felicidad, y precisamente por eso se suicida: su ansia del bien le hace intolerable el mal o el sufrimiento de la existencia. Pero al mismo tiempo, el suicida busca con su gesto la eliminación total, y ahí está la contradicción. El bien y la nada son incompatibles.

Nadie puede querer realmente la nada. Bajo su voluntad de autoeliminación, el suicida en realidad está buscando pasar a una situación mejor. La "nada" que él se figura no deja con todo de estar confusamente caracterizada por los atributos de "descanso", "alivio", "paz", que al fin y al cabo suponen la existencia de un sujeto. En la nada no hay nada, tampoco descanso, ni alivio, ni paz.

En muchos casos, además, el suicidio es una protesta contra Dios o contra los demás. Es una forma de buscar que los otros se sientan culpables. Una especie de venganza post-mortem.

Objetivamente considerado, y sin entrar en el tema de las disposiciones subjetivas con su influencia en la responsabilidad moral, el suicida comete una grave injusticia contra sí mismo. Se priva de toda oportunidad de mejorar su existencia. No se tiene la suficiente confianza como para intentar una vez más. Rompe definitivamente con los demás, a los que declara radicalmente incapaces de ayudarlo. Es un desertor de las filas de la humanidad en la lucha de la vida. Se quita la vida en un mundo en que otros mueren sin desearlo, precisamente porque no hay nadie cerca para ayudarlos a vivir. Maldice a la creación en su conjunto, que al menos desde su punto de vista personal es un fracaso completo. Y expresa así su rebelión contra el Creador, lo cual es la forma más triste de reconocer su existencia.





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