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Sobre lo humano (¿o sobre Dios?) (LXV)



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El que otro cometa las mismas faltas, no excusa al que las comete.
El decir "¡el también tuvo la culpa!" es una torpe y falaz excusa utilizada habitualmente por niños mal criados o por malos políticos.

Ese no es el punto. El punto es que hay parcialidad cuando sólo se habla de las cosas malas que han hecho los católicos, siempre, y no se recuerda, nunca, que sus acusadores por lo general han hecho y hacen cosas peores. Es injusto, y es desconocer la naturaleza humana, comparar la historia real de unos con el ideal de otros, aunque esa historia real de los unos haya consistido en el esfuerzo muchas veces sobrehumano por realizar el ideal, en medio de fallos e imperfecciones, y el ideal de los otros haya sido cuidadosamente guardado en un cajón para evitar que la realidad lo manchase con la más mínima imperfección, o bien, al querer ser realizado, haya dado lugar a barbaridades inmensamente peores.
Dices:
"un Papa aceptó introducir en los interrogatorios la práctica de la tortura, que era la práctica común en los juzgados civiles desde tiempo de los romanos..."

Si, por otro lado, adjudicamos sus faltas a la "mentalidad y situación de la época", o a las instituciones, esto nos llevaría a que nunca nadie sea culpable de nada, pues siempre se participa de una "mentalidad y situación de la época" y generalmente también de una institución. Por lo que un tiránico "culturalismo inevitable" regiría todas nuestras acciones.
Más bien, la "mentalidad y situación de la época", sobre todo la medieval en occidente, fueron creadas, entre otros, por los individuos que conformaban la institución llamada Iglesia católica.





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