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Sobre lo humano (¿o sobre Dios?) (XLVII)



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Si fuera así, está claro que lo sumergiría en el agua, no lo llevaría a la costa...
¿Qué bien saca la "especie" del delfín en arriesgarse en llevar a un ser humano moribundo hacia la costa, me podés explicar? ¿Decís que haría esto por tristeza (ya que no creo que lo haga por ira, miedo o alegría)? ¿Crees que sólo con tristeza se puede comprender que un ser que está flotando en el mar vive fuera del agua y necesita llegar allí, crees que eso lo dictan los sentimientos o el instinto?
Este argumento tuyo no tiene pies ni cabeza ni, a diferencia de los otros, aletas de delfín.

Tampoco gana nada la especie del gato con que la gata amamante a un perrito, y sin embargo lo hacen. No niego que el delfín pueda identificar a su modo al otro como perteneciente a la tierra y no al agua. Después de todo, el león debe poder distinguir también entre el elefante como peligroso y el antílope como accesible. La sensibilidad animal no incluye solamente los cinco sentidos externos, sino también los llamados "sentidos internos". Entre ellos está la imaginación, la memoria, y la "estimativa", dice Santo Tomás. Por ella la oveja identifica al lobo como nocivo y del que se debe huir, y al pasto como benéfico y que se debe buscar. Es una percepción sensible acompañada de una especie de juicio de valor, pero siempre en concreto y nunca en abstracto, como corresponde a lo puramente sensible y animal. Lo único que les falta a los animales es la inteligencia abstractiva, inmaterial y espiritual que caracteriza al ser humano. Esa inteligencia va unida naturalmente a una voluntad libre, que es la única a la que pueden plantearse exigencias morales.

Saludos cordiales

Néstor Martínez.





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