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Sobre Dios (¿o sobre lo humano?) (LVI)



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Si no definimos lo que es Dios, la discusión sobre su existencia sigue siendo posible (nuestra discusión lo atestigua).

Por supuesto, si quisiéramos elegir la primera de las opciones, o sea, determinar o definir previamente el concepto de Dios, esto no sería para tan fácil como lo querés pintar. Al contrario, sería tremendamente difícil, ya que definir algo que no se sabe si existe no es cosa de niños.

Es más, al no tener un ente real con el cual poder contrastar lo correcto o incorrecto de nuestra definición, el determinar que la misma sea válida o inválida sería imposible.

Es decir, pueden existir infinitas definiciones de lo que es Dios, y nosotros no tendríamos forma de determinar en forma racional cual es más verdadera que otra.

No existe “eso que se entiende por Dios”, como vos lo denominás. Esto lo prueba la existencia de muchas diferentes religiones monoteístas y, a su vez, dentro y fuera de esas religiones, la abrumante multiplicidad de formas en que la gente comprende el significado de Dios.

Si, en cambio, optáramos por ponernos de acuerdo en una definición, eso convertiría nuestra discusión en algo sin validez alguna, desde el momento en que nosotros estamos definiendo lo que queremos hallar.
Es decir, esconderíamos algo bajo la alfombra y luego, tras muchas deliberaciones, levantamos la alfombra para decir:

“¡¡EUREKA!! ¡¡Hete aquí lo que queríamos hallar!!”





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