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Sobre Dios (¿o sobre lo humano?) (XXVII)



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2 - La prueba cosmológica, o "a contingentia mundi" Esta prueba puede afirmación que hay que diferenciar entre "ser posible" o contingente, y "ser necesario". El "ser posible", no existe por sí mismo, para existir depende de la existencia de otro ser, y si este también es un "ser posible", depende a su vez de un tercer ser, y así sucesivamente hasta llegar a un "ser necesario", que evidentemente debe existir por sí mismo, es decir, Dios. El mundo es contingente, y tiene por tanto su causa última en Dios, Primer motor, o Causa primera.
Cuando afirmas que Dios es la Causa primera, sólo estás repitiendo un discurso aristotélico tergiversado. Pero, al igual que Aristóteles, presupones la existencia de algo, simplemente porque crees lo que existe debe haber sido creado por alguien, una afirmación y una creencia totalmente arbitraria y prescindidle, ya que nada la sustenta.

En primer lugar, Aristóteles desconocía el concepto de "creación", que es de origen judeocristiano. Un "motor", en cuanto tal, no es un Creador todavía (otra cosa es que finalmente eso esté implicado lógicamente en el concepto de "Primer Motor Inmóvil"). El "motor" lo que explica es que la materia pierda esta forma y adquiera esta otra, o sea, el cambio. No la existencia misma de la materia y de los seres cambiantes, que para Aristóteles es, al menos según una interpretación, un dato primario.

En segundo lugar, Aristóteles no parte de una fe en la existencia de un Primer Motor, que no es ninguna de las deidades del Olimpo, sino del análisis del movimiento, y concluye, en la Física y en la Metafísica, y no en ningún libro religioso, que el movimiento exige un Primer Motor Inmóvil (es decir, inmutable) como condición de posibilidad. En tercer lugar, es dudoso que Aristóteles haya llegado a descubrir que el Primer Motor es "alguien". Es cierto que lo hace consistir en el Pensamiento del Pensamiento, pero también afirma, al parecer, que no conoce al mundo. En todo caso, la imagen tomista de Dios se diferencia en bastantes puntos de la aristotélica. Lo grande de Santo Tomás, ayudado personalmente en esto por la fe en la Revelación, fue mostrar filosóficamente cómo esas diferencias en realidad se deducen de lo más profundo y central de las intuiciones del Estagirita.





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