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Sobre Dios (¿o sobre lo humano?) (XVI)



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En el momento en que nuestra reflexión dejase de chocar continuamente con el misterio, dejaría de ser una reflexión acerca de Dios.

Pero ahora nos embarcamos en otra dificultad diferente: la del discurso metafísico, que exige cierta disposición y capacidad para la abstracción que no necesariamente todos la tenemos en el mismo grado, y que nuestra cultura de la imagen, es decir, de la imaginación, para nada facilita:

Lo de "plenitud infinita de ser" podemos comprenderlo a partir de la experiencia de la limitación de los seres que se dan en nuestra experiencia. Es un hecho que somos limitados, y que todo lo que nos rodea lo es. El ser, en nuestra experiencia, no es nunca el ser puro, siempre viene "mezclado" con algún tipo de no ser. Platón decía que el no ser de cada cosa es mucho mayor que su ser, porque cada cosa es solamente ella misma, y no es todas las demás. Siempre podemos pensar en algo más grande, más bueno, más verdadero, etc. que cualquier cosa dada en nuestra experiencia. Eso quiere decir que son limitadas.

Pero es absurdo que el ser en sí mismo sea .limitado, porque es absurdo que el ser en sí mismo contenga o implique el no ser. El principio de no contradicción, justamente, nos obliga a concluir que los seres finitos, limitados, cuyo ser comprende cierto no ser, no son el ser en sentido originario, son derivados, son secundarios, son participaciones nada más de la Plenitud del ser que excluye absolutamente todo no ser: el Infinito.

Y por eso es también que en esa Plenitud infinita de ser sólo pueden darse, elevadas a un grado eminente y despojado de toda imperfección, de todo no ser, las perfecciones positivas de las cosas, y no las características negativas y limitantes como el mal, la ignorancia, el pecado, etc.

Porque el mal, precisamente, es un no ser. Es una carencia de ser, pero no cualquier carencia, sino la carencia de algo debido a la naturaleza del ente en cuestión. Así, para nosotros humanos no tener alas es carencia, pero no privación ni mal, lo sería para un pájaro; para nosotros, la ceguera por ejemplo sí es un mal.

De aquí se sigue que el ser es bueno ("ens est bonum") y que toda cosa es buena, en tanto es, y sólo es malo en ella lo que le falta del ser que debería tener. Porque en efecto, si la privación de ser no fuese una privación de bien, no sería un mal.





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