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Sobre Dios (¿o sobre lo humano?) (XV)



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Es precisamente esa Simplicidad absoluta de Dios, es decir, su total carencia de composición y de partes, lo que lo hace incomprensible para nuestro pensamiento tan complejo y múltiple, pero al menos podemos comprender porqué no lo podemos comprender.

Recordemos que estamos hablando de Dios.

Nuestra libertad radica precisamente en nuestra absoluta dependencia de la voluntad de Dios. Sólo Dios es tan omnipotente que puede hacer libres a sus propias creaturas. La creatura existe del modo en que quiere el Creador, hasta tal punto, que si él quiere que sea libre, lo es. Las creaturas que no son libres (los árboles, las piedras, los pájaros) no lo son, porque Dios les ha dado al crearlos la naturaleza de seres irracionales. Las que somos libres, lo somos porque él nos ha dado, al crearnos, la naturaleza de seres racionales. Dios no interviene "desde fuera" en nuestra libertad. Es el Creador de nuestra libertad, como dice San Agustín: "Más íntimo que lo más íntimo de mí mismo". No puede quitárnosla en el mismo acto por el que nos la da.

Así, Dios no gobierna la historia a pesar de nuestra libertad, sino mediante nuestra libertad.

Por eso nuestras vidas no están "determinadas" de antemano, porque 1) Dios no es "de antemano", sino presente 2) "Determinado" es lo que se sigue según una ley de una causa anterior, y aquí no hay ninguna causa temporalmente anterior de nuestra libertad, sino la Causa eterna co-presente a todo momento del tiempo. 3) Lo que "determina" a otra cosa lo hace desde fuera, en virtud de una naturaleza irracional de esa cosa misma, y no desde dentro, promoviendo el acto mismo de la libertad de una naturaleza racional.

"Permitir" algo es no hacer nada para impedir que ocurra. Eso no implica para nada querer positivamente ese algo en sí mismo. Por ejemplo, el padre que permite que el dentista haga sufrir a su hijo, no quiere que sufra. Otra cuestión es decir que el padre no es omnipotente, y que si lo fuera, curaría a su hijo sin permitir que sufriera. Esto es otra cuestión, porque aquí ya no se discute si puede o no absolutamente darse el permitir sin el querer, lo que ya ha quedado establecido que sí puede darse. En cuanto a las razones que el Omnipotente puede tener para permitir el mal, sólo podemos saber que son buenas, porque son suyas, es decir, del sumamente perfecto; y que nosotros por lo general no sabemos cuáles son, lo cual es perfectamente normal.





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