Seguridad para nadadores, bañistas y buzos (IX).



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5 - Tener cuidado con los cambios bruscos de temperatura.

El riesgo más probable es que al no tener este aspecto en cuenta al ingresar en aguas frías, esto pueda provocarnos calambres o agarrotamiento de los músculos, los que en aguas abiertas son potencialmente más peligrosos que si estuviéramos nadando en una pileta, pero que siempre es preferible evitar. En estos casos, salvo que se disponga del equipo adecuado (traje de neopreno o isotérmico) lo más prudente es dejar la inmersión o el baño para otro día.

Pero además se corre el riego de sufrir hidrocuciones (es decir, un síncope que generalmente que se presenta por inmersión en agua fría) las que habitualmente son seguidas de shock, y que pueden producirse al meterse al agua luego de haber estado expuesto al sol durante mucho tiempo, de una intensa transpiración, o después de haber realizado un esfuerzo físico importante sin haber dado tiempo al cuerpo a estabilizarse y, por lo tanto, tener la temperatura del mismo muy elevada con respecto a la del agua. También puede ocurrir si ingresamos al agua teniendo escalofríos, es decir, con la temperatura corporal descompensada.


Glaciares como este son, en el caso de los ríos, los que alimentan
aguas tan frías.




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