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Los que lograron entonces llegar a Francia eran incorporados, eran incorporados a lo que oficialmente se llamaban “Campos de Tránsito”. Tales “Campos de tránsito”, consistían en un predio cercado por altos alambrados rematados con sendos alambres de púas, a su vez rodeados por un foso lleno de agua podrida. Pero esto no era lo único que convertía a estos campos de en auténticos guetos o campos de concentración, el régimen que allí dentro era impuesto lo confirmaba con creces.

En estos campos, que casualmente durante la ocupación nazi de Francia fueron usados para concentrar a los judíos de la zona (Ver The Skowronek Bankers in the XX Century), los Harkis argelinos vivían a base de raciones que les repartían, sin electricidad, se duchaban una vez por semana y según un cronograma preestablecido en duchas comunitarias, y en asistían condiciones verdaderamente precarias a una escuela interna que les proporcionaba una pésima educación. La ropa que usaban les era proporcionada por la Cruz Roja, ya que no tenían otra forma de conseguirla dentro de su confinamiento.

A los Harkis que pretendían liberarse, escapar de su prisión (ya que eso era, pues estaban confinados dentro del Campo) o que sólo manifestaban su descontento o rebeldía de alguna forma, se les amenazaba con deportarlos o expulsarlos a Argelia, jugando aún con su miedo a ser linchados por sus compatriotas si caían nuevamente en sus manos. A su vez, todos los días los Argelinos eran obligados a izar la bandera y cantar el himno francés, so pena de castigo.

Uno de los castigos posibles, forma de coacción o directamente tortura utilizada contra los Harkis en diversas situaciones, la constituía el internar a los “refugiados problemáticos” en un hospital cercano, aduciendo que tenían problemas de “salud mental”. Todos sabían que en realidad la ambulancia aparecía y se llevaba a los más revoltosos, luego de drogarlos rápidamente in situ para que no se resistieran. Tales personas muchas veces no eran de vueltas al campo hasta haber pasado en el hospital 2, 3, 4 o 5 meses. Muchas veces retornaban con el cerebro literalmente “lavado”.





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