El Gea

Sobre la complejidad de educar en valores (XXXV).

Por Juan Ramón Tirado Rozúa, José Luis Ramírez, Aldo Mazzucchelli, Gustavo Lubatti, Cora y L.


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El saber popular lo dice perfectamente, cuando dice que hay gente que "dice una cosa y hace otra". O cuando se dice que "de moral se habla en casa", o "la caridad bien entendida empieza por casa"... Son, para mi, argumentos (bajo la forma no argumental del proverbio o refrán) que rezuman una sabiduría ética que nunca hay que perder de vista. 
Cualquiera reconoce que hay que desconfiar de determinada gente, por más que se le reconozca su nivel de estudios, su posición, y demás. No es nada de eso (SU TEORíA; SU VERDAD TEóRICA; SU FORMACIóN TEóRICA) lo que define a un hombre en el momento de la acción, que es de lo que la ética trata. Y por cierto, al mal rétor es a quien más se lo identifica con el "decir una cosa y hacer otra"... O sea que estamos en el nudo del asunto.

”No es la retórica la que crea la bondad. Yo no he dicho eso, Aldo. Pero es la retórica la que nos ayuda a dilucidar lo que es bueno. El órgano de la deliberación sobre lo bueno y lo conveniente. La lógica es el órgano de la dilucidación de lo verdadero en un sistema de términos unívocamente definidos a priori. Sobre todo un sistema lingüísticamente establecido. En la retórica intervienen no sólo las palabras, sino todos los elementos de una situación, incluso el silencio.”

De acuerdo, totalmente. Es en la retórica como ejercicio, esto es, en la vida social de consideración común de los problemas, lo que nos puede proveer de una IDEA (otra vez, teoría) de lo Bueno. ¿Y? Queda todavía por salvar el problema fundamental, que es el abismo que se abre entre lo que creemos que es bueno y lo que hacemos. Por eso, sin despreciar en absoluto la importancia de lo retórico para la salud de la comunidad (eso es lo que más se extraña hoy), está claro que estamos refiriéndonos a dos niveles distintos, y que tienen una relación jerárquica: SI se es buen ingeniero, buen cocinero, y buena gente, LUEGO se tiene la potencia de hacer buenos puentes, buena pasta, y buenas acciones. Y cuando uno quiere que eso que considera bueno triunfe, no tiene que ser bobo. Tiene que ser un bicho político también, y un bicho retórico.

”La necesidad ética de la retórica está pues en la condición social del ser humano. En otro caso bastaría con el impulso intuitivo y emocional.”

Perfecto. Yo también defiendo la idea del involucramiento político, pero en la real-politik, no en la política de café.

Un abrazo, y sigamos.
Aldo Mazzucchelli

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