El Gea

Sobre la complejidad de educar en valores (XXIV).

Por Juan Ramón Tirado Rozúa, José Luis Ramírez, Aldo Mazzucchelli, Gustavo Lubatti, Cora y L.


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La teoría, por consiguiente, como algo separado de la práctica y hasta superior a ella, es un mito occidental. La teoría es un producto igual que cualquier otra poiesis. La diferencia es su carácter metainstrumental. Un instrumento de los instrumentos. Pues así como los órganos corporales, la mano y los instrumentos externos sólo pueden manejar otros objetos, pero no a sí mismos, el pensamiento y el lenguaje son los únicos instrumentos que son también instrumentos de sí mismos. Comemos la comida, no el propio comer y golpeamos un clavo con un martillo, incluso un martillo con otro, pero no con el mismo. Pero podemos pensar que pensamos y sólo podemos hablar del lenguaje usando el propio lenguaje. No usando las mismas palabras, sino el mismo instrumento lingüístico. La reflexión humana es lo más grandioso y lo más equívoco. Las armas de las crítica nos hacen olvidar la crítica de las armas.

He aquí pues que una praxis humana basada en la experiencia y no en la abstracción, construye poco a poco un instrumento o poiesis teórica que le va a servir para aumentar su conocimiento y su dominio de la realidad externa. La ciencia positiva supone una revolución y un avance extraordinario en ese dominio.

Siendo el lenguaje hablado la poíesis inmediata de la praxis (la poesía) no deja de ser por eso una poiesis, una expresión perceptible de la praxis, como todo aquello que se materializa de alguna manera. La comprensión del lenguaje, de la prístina expresión de la praxis humana, es la retórica. Pero sin lengua escrita la retórica habría sido un conocimiento inconsciente de sí mismo. La lengua escrita, que hace posible la lógica y la ciencia, hace posible la sistematización de la propia expresión hablada, anterior a toda lógica. La lógica es una técnica, pero la retórica propiamente no. Pero puede convertirse también en una técnica y así lo hacen aquellos que reducen la retórica a un mero arte de convencer de cualquier cosa, no un arte y una ciencia del hablar. Si la retórica se reduce a uno de los tipos posibles de discurso, entonces falta todavía la ciencia y el arte general del lenguaje. Esa ha sido la tragedia de la tradición Retórica, el no ver que con su reducción faltaba una rama importante del saber.

La retórica no es ni siquiera simplemente una ciencia de la comunicación, sino sobre todo una ciencia de la expresión.

Hablo de ciencia, de una producción o poiesis de saber. La praxis, para hacerse carne, para operar en el mundo tiene que usar instrumentos, tiene que crear una poiesis especial, incluso para conocerse a si misma, como el espejo con el que nos peinamos. La praxis se hace autopiesis. La persona humana se hace a sí misma, se produce a sí misma con su propio obrar.





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