El Gea

Sobre la complejidad de educar en valores (IX).

Por Juan Ramón Tirado Rozúa, José Luis Ramírez, Aldo Mazzucchelli, Gustavo Lubatti, Cora y L.


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Si todo lo que el hombre pretende está movido no por la verdad sino por la bondad, por el valor, esto supone, como tú dices muy bien, que hay valores de muchas clases. En efecto el que quiere asaltar un banco lo hace también lo mejor posible y nada hay más racional y perfecto que los campos de concetración de Auschwitz. Esa es la efectividad. Si quiero lograr algo, huso los medios adecuados para obtener el mejor resultado posible. Nadie hace algo para hacerlo mal. Cuando aprendemos un oficio queremos ser hábiles en ese oficio, hacerlo bien, independientemente de en qué situaciones y para que fines superiores utilicemos nuestro conocimiento.

Esa bondad técnica, esa habilidad o efectividad no es el mismo valor de la bondad de que habla la prudencia o frónesis. Esa bondad ética superior está orientada por el bien propio y de nuestros congéneres. Es la ética propiamente dicha, aquella que además corrige la habilidad subordinándola a sus intereses superiores. Aristóteles dice que prefiere a un artesano que haga un mal producto a sabiendas que otro al que le salga bien por casualidad. Pues el que lo hace mal a sabiendas, sabe como se hace bien, tiene la habilidad. En cambio el hombre propiamente bueno y ejemplar, el spoudaios anér, que delibera su actuación con miras al bien de los seres humanos, ese no podría obrar mal, sin antes corromper su carácter. La habilidad es un adiertramiento técnico de l cuerpo y el pensar que, si no se practica, se olvida. Pero la prudencia forma el carácter (Carácter es la palabra ethos, que da su nombre a la ética) y eso es dificilmente desarraigable, nunca se olvida.

El educar para los valores es por lo tanto una formación del carácter, no una formación técnica o productiva. Aun cuando el buen carácter (basado en el obrar o praxis) es el que nos orienta para elegir lo que debemos hacer (poiesis), pues lo que hacemos esta subordinado al obrar. Si quiero ser un hombre justo elijo comportamientos justos. Praxis y poíesis no son lo mismo pero tampoco son separables. Lo que hago es una muestra de quien soy como personalidad ética. Ya mencioné aquel epitafio que decía:

Aquí yace un cardenal
que todo lo hizo fatal:
Cuando hizo el mal, lo hizo bien,
Cuando hizo el bien, lo hizo mal.





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