El Gea

Sobre la complejidad de educar en valores (IV).

Por Juan Ramón Tirado Rozúa, José Luis Ramírez,
Aldo Mazzucchelli, Gustavo, Cora y L.


Los más populares

Equipo para la Aventura

Supervivencia

Deportes Extremos y Tradicionales

Viajes y turismo

Fotografía y Video

Cursos

Ecología y Jardinería

Subastas

Vehículos

¿Buscando Empleo?

Energía verde

L. ecribió:

Estimado José Luis,

   No defiendo el valor como algo individual, sino que niego los valores en cualquiera de sus formas. Como decía en mi correo anterior me parece que lo más neutro ideológicamente es la verdad de la ciencia (aunque el mundo se nos escurra entre las mallas de nuestras teorías como dice Mosterín). Un valor implica de alguna forma una moral y la moral es ideología. La verdad (parcial, renovable, inconclusa, corregible) es más aséptica. La verdad cumple la misma función que el valor (entendido éticamente) si conseguimos encontrar una falsedad detrás de cada injusticia (yo creo que siempre la hay).

   Saludos cordiales,
       L.

José Luis Ramírez escribió:

Querido L.:

No veo diferencia práctica alguna entre hecer del valor algo individual y decir que no existe en absoluto. Mi problema es que vivo en un país donde la escuela filosófica dominante, la Escuela de Uppsala, que ha dejado una larga herencia, profesaba una doctrina que se denominaba precisamente "nihilismo de los valores". Y veo también sus consecuencias, no menos en el terreno político. Cuando se niegan los valores, luego entran de modo irreflexivo por la puerta falsa como si fueran fantasmas invisibles.

Entiendo bien tu postura y, con perdón a tí y a Mosterín, constato que tenemos una postura absolutamente contrapuesta. Para mí la verdad es también un valor y lo que orienta la tarea de la filosofía que profeso es en último término la bondad. La verdad la buscamos porque es bueno saber a qué atenerse (las condiciones irrevocables de la acción) para obrar mejor. Hay un conocimiento de aquello que no podemos alterar sino sólo aceptar (de aquello que no puede ser de otra manera, diría Aristóteles) y con ello hay que contar para no caer en utopismos. Pero hay sobre todo un conocimiento de lo que nos incumbe a nosotros elegir, de la acción humana, de aquello que "puede ser de otra manera". Era típico de Platón el reducir la bondad a la verdad. Yo diría más bien al revés. La bondad no es verdadera, porque es un valor, pero la verdad es buena. Y conste que la verdad no es la realidad sino la comprensión de la realidad con la que tenemos inexorablemente que contar como punto de partida, a veces para cambiarla.





El Buscador para los amantes de la vida al Aire Libre © - Andinia.com ©