Kant (IV).


Resumen de Teóricos
HISTORIA DE LA FILOSOFIA MODERNA. 
Prof Tit: Leiser Madanes 
1997 - Carrera de Filosofía - UBA



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En el planteo de Leibniz las mónadas finitas se sitúan en una gradación constante en virtud de la mayor o menor proporción de representaciones claras o activas (intelectuales) que poseen, frente a representaciones confusas o pasivas (sensibles). En particular los espíritus humanos son, para Leibniz, sustancias simples y finitas cuyo ser consiste en tener percepciones dotadas de una intrínseca tendencia a transformarse. En el universo de Leibniz todas son mónadas, que son sustancias simples. Pero otro de los principios de Leibniz es el del continuo: no puede haber hiatos en la naturaleza. Tampoco puede haber dos individuos indiscernibles, todo debe ser diferente a todo. Entonces se justifica la relación entre mónadas estableciendo una escala de mónadas por la mayor o menor claridad con que percibe esa mónada. Lo propio de la mónada es percibir, pero internamente, o sea que Leibniz necesita apelar a la doctrina de las ideas innatas. Pero si todas las mónadas las tuvieran innatas en la plenitud de su distinción, no se podría entender porqué hay diferencias entre una y otra. Entonces la única mónada que ve todo en su infinitud es Dios, por lo cual está separado de la escala de las mónadas finitas.
Somos sujetos humanos porque, además de tener percepción, nos autopercibimos. Tenemos apercepción (percepción + reflexión), y eso ya indica que hay mónadas que pueden ser espíritu.
Para Leibniz una mónada puede superarse, y la misma consta de la transformación de sus representaciones confusas en claras, tornar lo sensible en intelectual. Es decir, una diferencia de grado, no de naturaleza.
La monada finita, en tanto tal, está sujeta a limitación o padecimiento, y ello equivale a turbación, confusión o oscuridad en las percepciones. La percepción confusa está ligada a la sensibilidad (son las representaciones sensibles), los sentidos equivalen a la pasividad que es manifiesta en nuestra finitud; y la percepción clara y distinta al entendimiento (son las representaciones del entendimiento), el cual se identifica con la espontaneidad en que se manifiesta nuestra percepción. Esto Kant lo toma de Leibniz. El entendimiento pasa a ser espontaneidad o actividad y la sensibilidad pasividad o receptividad.
Además que unas mónadas sean activas y pasen a tener percepciones más claras indica que en algún otro punto (por el principio de armonía preestablecida) algo debe estar padeciendo para mantener el infinito equilibrio.





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