Leibniz y Clarke (VI).


Resumen de Teóricos
HISTORIA DE LA FILOSOFIA MODERNA. 
Prof Tit: Leiser Madanes 
1997 - Carrera de Filosofía - UBA



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Una vez que aceptamos que sustancia es un ser existente y capaz de acción no tenemos más remedio que aceptar esta teoría racionalista. Clarke observa que ocurriría si la admitimos: daría lo mismo que Dios hubiera creado el universo en una posición determinada o en otra. Por ejemplo: todo lo que está a la izquierda a la derecha. Pero Clarke dice que si preservamos todas las relaciones entre sus partes, no habría allí cambios ni distinción alguna. Porque, objetando a Leibniz, una mudanza completa de todas las cosas del espacio a otra parte, no sería una mudanza.
Leibniz retruca diciendo que si admitimos el espacio absoluto tendríamos esta ventaja de admitir un movimiento posible de todo lo creado, pero sólo en apariencia porque,

(1) no habría, siendo el espacio homogéneo, razón alguna para suponer que Dios crease el espacio en un lugar A en vez de crearlo en un lugar B (una acción de Dios que estaría en contradicción con el principio de razón suficiente, que en el caso de Dios va a ser siempre lo mejor).

(2) Del principio de razón suficiente se sigue otro, el de los indiscernibles: si admitiésemos un espacio homogéneo, en el cual fuese a situarse el universo como en un recipiente, y que fuese independiente de las diferencias cualitativas que introduce en el la presencia de las cosas, entonces en este universo no habría ninguna distinción. No habría posibilidad de que Dios aplicase aquel principio de razón. Sería totalmente indiferente un punto del espacio del otro para comenzar la creación.

Pero si admitimos puntos indiferentes, del mismo modo que si, más en general, admitimos homogeneidades que hagan indiferentes las realidades creadas, entonces estamos admitiendo la posibilidad de un actuar sin razón suficiente, la indiferencia de Dios ante su elección de objetos. Por eso al principio de razón suficiente debe seguirle el principio de los indiscernibles: la apariencia de igualdad absoluta entre sustancias o regiones del espacio, es sólo eso. Siempre que no sea posible una distinción conceptual, vamos a estar ante la mera apariencia de objetos indiscernibles entre sí, pero en el fondo estaremos frente a la misma cosas, su pluralidad es pura ilusión, si el examen conceptual las haya idénticas, son las mismas. Esto implica que el entendimiento, la inteligencia, el análisis conceptual del objeto, el conocimiento, es autosuficiente. Sólo con el análisis conceptual puedo alcanzar un conocimiento exhaustivo, adecuado, de los objetos. El conocimiento no conceptual, el que tengo sensitivamente, por el que creo entender que hay cosas iguales que, sin embargo, están colocadas en regiones diferentes del espacio es, en el mejor de los casos, ilusorio, y va a ceder al análisis conceptual revelándose como una apariencia, pues me muestra como las cosas son.
Lo que comprendemos por espacio no existe por sí, a pesar de que lo aparenta. Lo que existen son las mónadas, y el espacio termina reducido, para el análisis conceptual, a meras relaciones entre mónadas, que a su vez terminan siendo relaciones internas de los contenidos representativos de una mónada dada. Si hiciéramos el análisis exhaustivo del concepto de una sustancia cualquiera tendríamos el universo completo con todas sus relaciones de espacio y tiempo.





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