El Gea

Política: ¿ideas o intereses? (X).



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La mezcla de espíritu emprendedor y respeto por el espíritu emprendedor del otro, en función de una colaboración competitiva dentro de un marco común, es algo muy difícil de entender para un latinoamericano, que cree que la solidaridad está reñida con la competencia.
Es tan elemental ese error, tan primario (pero tan omnipresente en el discurso que la izquierda ha logrado generar en mi continente) que mucha gente honesta se lo cree sin más. Para ellos, competir equivale a querer ganarle al otro por cualquier medio, o incluso matarlo si hace falta. 
Lo que olvidan es que existen valores colectivos muy poderosos que organizan la vida en esa competencia, y que hacen de todo el asunto algo mucho más complicado y refinado de lo que parece.

En todo caso, es una experiencia común de cualquiera que venga a Estado Unidos el constatar como existe una permanente discusión sobre los derechos de las minorías, por ejemplo. Equivocadamente, desde afuera algunos interpretan que dado que se discuten tanto los derechos de los negros, las mujeres, los homosexuales o las lesbianas, etc., entonces debe ser porque hay una gran discriminación. Lo que no entienden es que se trata exactamente de lo contrario: de la permanente y abierta negociación de una sociedad que si se plantea a voz en grito sus problemas, y que esa permanente negociación es un modo de vida que ha llevado a innumerables y constantes cambios de legislación y demás. En la televisión, anoche mismo vi un programa en el que MUSULMANES con su turbante y su pañuelo en la cabeza explicaban tradiciones de su religión y demás, en inglés, en un espacio de toda la tarde que tienen en un canal cable. Si eso no es una prueba de lo que significa liberalismo hasta extremos casi inconcebibles para una mentalidad dogmática "de izquierda" tradicional, que me lo expliquen.

Por supuesto, esta apertura está acompañada por un sentido de responsabilidad (y de exigencia de la responsabilidad individual) que no le va en zaga, y de ahí las a veces rechinantes durezas del sistema penal norteamericano, por ejemplo...

Ahora bien: ¿son los Estados Unidos el único modelo a seguir? ¿Es ese un modelo viable para Latinoamérica, dadas sus raíces culturales e históricas? La respuesta es que probablemente NO, al menos en la mayor parte del continente. Pero de lo que estoy seguro es que, para construir una alternativa política decente para nuestros países, tenemos que superar el discurso maniqueo y adolescente que hoy por hoy es hegemónico, ese discurso que se expresa en el rechazo ciego y sin matices a los Estados Unidos, y la atribución, a ese país y pueblo, de todos los males que nosotros mismos nos hemos ido inflingiendo a lo largo de los años.





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