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Política: ¿ideas o intereses? (VIII).



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Ese (para mi siniestro) fondo filosófico materialista antiliberal que ninguno de los discursos idealistas de la izquierda logra ocultar del todo, está basado sustancialmente en la teoría economicista de Marx, en la cual un valor ético cualquiera (por ejemplo, la honradez inmaculada del dueño de una empresa X), como parte de la "superestructura", queda determinado sustancialmente por la pertenencia existencial a un lugar en la estructura de relaciones de producción de una sociedad. 
Esto, dicho más fácil, es así: si naciste rico, sos un hijo de puta irredimible, un burgués, un explotador y alguien en general deleznable a los ojos de los que no nacieron (o no consiguieron llegar, aunque lo hayan intentado) a ese sitial. Sitial que, por otro lado, si no fuese porque la misma ontología materialista que caracteriza al marxismo así lo establece, no tendría ningún "charme" especial, pues pasarse las 24 horas del día sudando como un loco para poder llenar dos carros del supermercado en lugar de una sola bolsa de plástico me parece por lo menos discutible.

Se puede responder a esto diciendo que no toda la izquierda es marxista, ni comunista, y es cierto. Pero no es menos cierto que toda la izquierda participa, aunque sea en una lucha de lo más "dialéctica", con la hegemonía de la teoría marxista en su propio interior, por mucha distancia la más poderosa, coherente, y eficaz que la izquierda jamás haya logrado desarrollar.

Contrariamente a lo que pareciera, dado su discurso romántico y aparentemente idealista (los psicólogos saben bien que todo contenido reprimido genera una inmensa sombra), y como principal herramienta de convicción, la izquierda ha encontrado esa permanente referencia, velada, a la parte material de la vida. 
Dado que las 'masas estúpidas' a las que hacías indirecta referencia en tu último mail (no recuerdo si el adjetivo es ese o 'imbéciles, pero te confieso que nunca logré aclararme la diferencia específica entre ambos vocablos) coinciden, a izquierda y a derecha del espectro, en asignarle un valor sustancial, en la vida, a la cantidad de carros de supermercado que logren llenar, el énfasis materialista y craso de la ontología de izquierdas no parece un concepto demasiado malo para tener éxito a largo plazo en el mercado electoral.

Sin embargo, el talón de Aquiles de la parte ideológicamente hegemónica de la izquierda es su antiliberalismo. No digo liberalismo como la doctrina económica que conocemos, y que significó el sustento para la economía de mercado, sino el liberalismo de tipo filosófico y ético que va de la mano con ese, y es el sustento deseable para una sociedad sana (según creo por ahora). Un liberalismo como el que se encuentra bien desarrollado en Inglaterra o, en apenas menor medida, en Estado Unidos, y que tiene que ver con un valor (y una responsabilidad) específicos de cada ciudadano que está claramente por encima del 'Estado'. O sea, cada uno tiene que construirse una vida sin esperar de papá estado que le venga a sacar las castañas del fuego. ¿Duro? Más o menos. Los resultados están a la vista para quien quiera buscarlos.





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